Casi una veintena de localidades de las comarcas del Órbigo, el Páramo, La Bañeza y Sahagún podrían plantar cara a la organización del desfile de pendones este San Froilán. El motivo: una nueva normativa que obliga a los participantes a vestir de una manera concreta y que ha encendido los ánimos en buena parte de la provincia de León.

Las bases reguladoras del desfile de los próximos 4 y 5 de octubre recogen por primera vez una exigencia de vestimenta. La organización pide a los pendoneros que acudan con traje regional tradicional o, en su defecto, con pantalón negro, camisa blanca, calzado oscuro y fajín. Hasta ahora, cada pueblo podía lucir sus propias camisetas o polos identificativos, una seña de identidad que muchas localidades no están dispuestas a abandonar.
Desde los pueblos afectados la respuesta ha sido tajante. Algunos ya han anunciado que acudirán igualmente al desfile con sus colores, aunque sin saber si les dejarán levantar el pendón. Otros se plantean directamente no asistir. Los pendoneros aseguran que la ropa exigida no es ni cómoda ni segura para quien tiene que sostener y manejar un pendón durante el recorrido.
«Nosotros queremos llevar los colores de nuestro pueblo», señalan desde varias localidades, que han empezado a organizarse para redactar un escrito conjunto y trasladar una queja formal a la asociación responsable del evento.
El presidente de la entidad organizadora, Luis Bandera, defiende la medida y asegura que surge de reuniones con historiadores y expertos, con el objetivo de dar más coherencia y solemnidad a la festividad. Ante la posibilidad de que los pueblos incumplan la norma, su postura es clara: quien no acate las bases, podría quedarse sin desfilar.
La tensión generada pone en riesgo uno de los momentos más esperados de las fiestas de San Froilán, una tradición arraigada en la identidad de León y de toda su provincia. El desfile de pendones es mucho más que un espectáculo visual: es el símbolo de la unión entre la capital y sus pueblos, y ese vínculo parece ahora más frágil que nunca.
Queda un mes por delante para que las partes lleguen a un acuerdo. Los pendoneros confían en que la organización escuche sus argumentos y permita que cada pueblo llegue a León como lo que es: con su historia, sus colores y su orgullo bien alto.



