El Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz ha dado un paso clave para la renovación de su barrio medieval. El Gobierno municipal PSE-PNV y el PP alcanzaron este miércoles un acuerdo para sacar adelante el nuevo Plan Especial de Reforma Integral del Casco Viejo, un documento que llevaba 15 meses paralizado mientras el consistorio resolvía las alegaciones presentadas al texto.

El concejal de Urbanismo, Borja Rodríguez, y el portavoz del PP, Iñaki García Calvo, se dieron la mano en una comparecencia pública que dejó una imagen poco habitual en el Ayuntamiento vitoriano. Los populares habían presentado 14 propuestas y el ejecutivo municipal las ha aceptado todas, total o parcialmente.
El punto más destacado del acuerdo es la nueva regulación hotelera. Frente al plan inicial, que solo permitía un hotel por manzana en las 48 que conforman el Casco, el nuevo texto divide el barrio en tres zonas y fija un tope de 35 nuevos establecimientos en edificios completos. La zona norte, entre la calle Cubo y el cantón de Santa María, podrá acoger entre 8 y 12; la central, entre 4 y 8; y la sur, la más amplia, entre 13 y 20.
Otra novedad importante afecta a los bares que quieran trasladarse porque sus locales no cumplen con las normativas de accesibilidad o insonorización. Estos podrán mudarse sin perder la licencia, algo que no choca con la intención del plan de no autorizar nuevos establecimientos de ocio nocturno en una zona que ya sufre saturación.
El acuerdo también incluye la posibilidad de instalar viviendas-taller en plantas bajas, siempre que la mitad de la fachada mantenga un uso no residencial. En materia de rehabilitación, se elimina la obligatoriedad de ascensores translúcidos y se amplía el catálogo de materiales permitidos para mejorar el confort térmico y acústico de los edificios, incluidas tejas mixtas cerámicas con acabado envejecido.
Estas medidas llegan en un momento crítico para el barrio. El 25% de sus 819 edificios presenta deficiencias que necesitan intervención urgente, una realidad que cuatro décadas de planes de recuperación no han logrado revertir. La estructura medieval del entorno, la vulnerabilidad económica de muchos vecinos y la presión del ocio nocturno complican aún más cualquier solución.
El nuevo PERI busca ese equilibrio entre facilitar la rehabilitación y proteger el patrimonio y la calidad de vida de quienes residen en uno de los espacios históricos más singulares del País Vasco.
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