Vitoria se viste de ajo este sábado con casi 70 puestos en el corazón de la ciudad

La Cuesta de San Francisco y el Portal del Rey volverán a llenarse de color, aroma y tradición con motivo del Día de Santiago. El mercado del ajo regresa a Gasteiz como uno de los momentos más esperados de la jornada festiva, convirtiendo el centro histórico en un auténtico escaparate de uno de los productos más arraigados en la cultura popular vasca.

Vitoria se viste de ajo este sábado con casi 70 puestos en el corazón de la ciudad

Cerca de 70 puestos se distribuirán por estos dos enclaves emblemáticos de la ciudad para ofrecer a vecinos y visitantes miles de ristras de ajo, ese símbolo inconfundible que cada año protagoniza las fotografías del día grande de las fiestas de la capital alavesa.

La cita, que se celebra de forma ininterrumpida desde hace décadas, tiene mucho de rito colectivo. Las familias pasean entre los puestos, los vendedores exhiben sus mejores trenzas y el olor característico del ajo impregna las calles del casco antiguo desde primera hora de la mañana. Es uno de esos momentos que los vitorianos reconocen como propios, una tradición que resiste el paso del tiempo y que cada año congrega a miles de personas.

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La Cuesta de San Francisco y el Portal del Rey ofrecen el escenario perfecto para esta celebración. Su cercanía con los principales puntos de paso del centro histórico garantiza un flujo constante de público a lo largo de toda la jornada, creando una atmósfera festiva difícil de igualar.

Además de las ristras, la jornada del Día de Santiago concentra en Vitoria una agenda repleta de actos y celebraciones, por lo que el mercado del ajo se convierte en un punto de encuentro natural para quienes se acercan al centro a disfrutar del ambiente festivo.

Aquellos que quieran llevarse a casa uno de los productos estrella del día tienen en este mercado su mejor oportunidad. Los expertos recomiendan llegar con tiempo para elegir con calma entre la amplia variedad de tamaños y formatos disponibles en cada puesto.

Gasteiz, una vez más, demuestra que hay tradiciones que no necesitan reinventarse para seguir emocionando.