Zamora se presta al mundo: FROMAGO convierte la ciudad en el mayor escaparate quesero de España

Zamora vive este fin de semana uno de sus momentos del año. La Feria Internacional del Queso FROMAGO arranca con tres kilómetros de stands desplegados por el corazón de la ciudad, convirtiendo calles, plazas y rincones históricos en un enorme recinto ferial al aire libre donde el queso es el protagonista, pero Zamora entera es el escenario.

Zamora se presta al mundo: FROMAGO convierte la ciudad en el mayor escaparate quesero de España

Hoy, jueves, es el día de los zamoranos. El día de pasear despacio, de reconocer caras detrás de los puestos, de buscar entre cientos de variedades y de comprobar con cierto orgullo cómo una ciudad pequeña es capaz de organizar algo grande. Desde mañana, sin embargo, el protagonismo se comparte con miles de visitantes llegados de toda España y de fuera de sus fronteras.

Y ahí empieza también la responsabilidad de cada vecino.

No hace falta acreditación ni mostrador para trabajar por Zamora estos días. Basta con ser hospitalarios. Indicar el camino a quien pregunta, ceder el paso, ayudar a quien está perdido o simplemente sonreír. Durante cuatro días, cada zamorano es un poco guía turístico, camarero y embajador de su tierra sin que nadie le haya contratado para ello.

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Lo que está en juego es sencillo: que quienes se marchen hablen bien de esta ciudad cuando vuelvan a casa.

Zamora tiene la ventaja de que sus calles son parte del recinto. El visitante compra un queso y veinte metros después se encuentra una iglesia románica. Cata un vino y levanta la vista hacia el Duero. Se sienta en una terraza y descubre una plaza que no esperaba. Eso no puede encerrarse entre cuatro paredes, y precisamente por eso FROMAGO tiene sentido aquí y no en ningún otro sitio.

Porque la feria tiene al queso como estrella, pero Zamora tiene mucho más que poner encima de la mesa. Vino de Toro, carne, embutidos, legumbres, dulces y una despensa provincial capaz de hacer que quien venga buscando queso se marche con media Zamora en el maletero.

La Bien Cercada, que durante siglos presumió de sus murallas, abre estos días ese cerco de par en par. Toca prestar las calles, las plazas y los rincones a quienes han hecho cientos de kilómetros para venir. No para perder nada, sino para ganar mucho: visibilidad, economía y, sobre todo, reputación.

Que nadie se vaya sin recordar también cómo le tratamos.