Las fiestas grandes de Toledo vivieron este sábado una jornada histórica para la escena musical local. El recinto ferial de la Peraleda se llenó de público entregado para ver actuar a artistas nacidos y criados en la propia ciudad, en una noche que dejó claro que el talento toledano no tiene nada que envidiar a ningún cartel foráneo.

Pole, Mallo, Mauri y Lucía Santiago fueron los nombres elegidos para protagonizar el día fuerte de la programación. Una apuesta que el Ayuntamiento justificó como apoyo al talento emergente y a los músicos locales, y que el público validó con creces desde antes incluso de que abrieran las puertas.
Pole fue el plato fuerte de la velada. Con tres pantallas, letras de karaoke y cientos de personas coreando cada canción, el artista cerró en Toledo su gira Kilómetro 0. «Un puto sueño», llegó a gritar desde el escenario ante una multitud que lo recibió como a una estrella de primera fila, porque sencillamente lo es. En los últimos cinco años se ha convertido en uno de los fenómenos más sólidos del panorama nacional e internacional.
Mallo, por su parte, cerró también la gira de su último disco con la energía y las reivindicaciones que les caracterizan. Espacios seguros, identidad local, amor desde la provincia. Su actuación terminó de forma simbólica con la canción Alhaja, un tema que habla de la ciudad desde la mirada de quienes la viven por dentro.
Los Mauri pusieron su parte de historia en la noche. Un trío con raíces profundas en la escena toledana, que ya tocaba junto antes de 2010 y que ha llegado a festivales como el Sonorama de Aranda de Duero. Su líder lo definió como «un lujazo» compartir escenario con artistas tan distintos pero con tanto en común.
La noche fue también una llamada a la reflexión. Toledo tiene escena musical desde hace décadas, con o sin apoyo institucional. Salas ya desaparecidas, festivales como el Tajorock o el Toledorap, y generaciones de músicos que construyeron algo sin apenas reconocimiento. Este sábado, al menos, ese reconocimiento llegó.
Y llegó en el momento justo. Con el verano a punto de doblar la esquina y el nuevo curso asomando, las fiestas de agosto demostraron que pueden ser un orgullo para los toledanos. Solo hace falta apostar por lo propio.



