La pradera de Valvanuz volvió a latir este sábado 15 de agosto con el pulso de siempre. La patrona de los pasiegos recibió a sus fieles entre llovizna fina, música tradicional y el olor a hierba mojada que tantos llevan grabado en la memoria desde la infancia.

El contraste con la edición anterior no pudo ser más marcado. El año pasado, unas temperaturas que rozaron los 45 grados dejaron la campa prácticamente desierta, en una estampa que muchos compararon con los peores momentos de la pandemia. Este año, el cielo encapotado y las gotas flotando en el aire devolvieron a la romería su imagen más reconocible.
«Cuando era pequeño y venía de monaguillo recuerdo que la romería se solía celebrar ‘morrinando'», comentaba el año pasado Alejandro Rivas, presidente de la Cofradía de Nuestra Señora de Valvanuz, evocando con nostalgia esa lluvia fina tan característica de los valles pasiegos. Este sábado, esa estampa tan añorada regresó por fin.
La jornada siguió el guion de siempre. Por la mañana se celebró la Misa Mayor, cantada por el coral Solvay Ensemble, a la que acudieron el consejero de Fomento, Roberto Media, y el alcalde de Selaya, Cándido Manuel Cobo, junto a otras autoridades. Después, la virgen salió a la pradera acompañada al son de los bailes del Grupo de Danzas Virgen de las Nieves de Tanos, como marcan los años de tradición.
Las gotas aguantaron comedidas durante toda la procesión, como si respetasen el momento. Solo cuando la imagen regresó al templo, el cielo se soltó un poco más y muchos aprovecharon para marcharse. Quienes se quedaron disfrutaron de puestos, helados y copas, y sobre todo de la demostración de deportes rurales cántabros: troncos partidos, lecheras cargadas y el salto pasiego como protagonistas.
Hubo quien, como Alicia Liz, vecina de Santa María de Cayón que se acercó vestida de pasiega con pañuelo y albarcas, reconoció que «ni de lejos hay tanta gente como otros años». Pero la pradera recuperó su esencia y su color habitual, muy lejos del vacío desolador de 2025.
Un año más, Valvanuz sumó una jornada a su larga historia de devoción, tradición y apego a la tierra pasiego.
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