El parque empresarial de Rivabellosa se ha convertido en uno de los espacios industriales más codiciados del País Vasco. A estas alturas, prácticamente no queda suelo disponible en Arasur, el complejo que hace años era un gran descampado al sur de Álava y que hoy acumula proyectos de algunas de las mayores empresas del mundo.

De los más de 1,1 millones de metros cuadrados que componen el polígono, tan solo 96.197 carecen de planes definidos. El resto, el 91,5% del total, o ya alberga instalaciones en funcionamiento o tiene comprometida su construcción en los próximos años.
La joya de la corona es la macroparcela G7, un terreno de 270.000 metros cuadrados que Amazon adquirió hace dos años para levantar en él una plataforma logística. Aunque de momento permanece sin actividad, su destino está sellado. Es el solar más grande que queda en Álava mientras no se amplíen los parques empresariales existentes.
A eso se suman los proyectos de Merlin Properties, que ya opera varios centros de datos en Arasur y tiene previsto construir un sexto, y los de la promotora Panattoni, que planea desarrollar en una parcela de algo menos de 29.000 metros cuadrados más naves para uso industrial. Precisamente con Panattoni, Ceva Logistics ya ha echado raíces en el complejo.
¿Qué queda realmente por definir? Muy poco. Merlin dispone de una parcela de algo más de 20.000 metros cuadrados en el acceso norte sin ningún plan anunciado. El Gobierno vasco, a través de Azpilur, mantiene otros 22.000 metros cuadrados sin uso determinado. Y en el flanco sur del polígono hay terrenos reservados para zonas verdes, espacios deportivos o usos comerciales, aunque su materialización parece complicada: la orografía del terreno, con pendientes muy pronunciadas, haría las obras extraordinariamente costosas.
Con este panorama, todas las miradas se dirigen ya hacia Ribaguda. Es el concejo alavés por donde se pretende ampliar el polígono cuando la demanda así lo exija. Sin embargo, por ahora no existe ningún proyecto en firme que concrete cuándo ni cómo se ejecutará esa extensión.
Arasur ha pasado en pocos años de ser una apuesta de futuro a convertirse en una realidad casi colmatada. El reto ahora es garantizar que Álava no se quede sin suelo industrial en el momento en que llegue la próxima gran oportunidad de inversión.
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