Este martes, dos forenses del Instituto de Medicina Legal se sientan frente al hombre que confesó haber matado a Milagros y a su hijo Rubén en la localidad cántabra de Hinojedo. La cita determinará si F. M. S., de 28 años y nacionalidad rumana, tenía plena conciencia de sus actos cuando cometió el doble crimen el 5 de marzo de 2024.

Los peritos deberán valorar si el investigado padece algún trastorno mental o de personalidad que afecte a su imputabilidad. En términos legales, esto significa comprobar si era capaz de entender que sus actos eran contrarios a la ley y de actuar conforme a ese entendimiento.
Si los forenses aprecian alguna merma en sus facultades, el caso podría encaminarse hacia tres escenarios distintos: la eximente completa, que anularía su responsabilidad penal por completo; la eximente incompleta, para alteraciones muy graves pero no totales; o una simple atenuante, aplicable cuando el trastorno mental influye de forma leve o moderada en la conducta del autor.
Fue el propio abogado defensor quien solicitó a la jueza instructora la práctica de esta diligencia hace varias semanas. La magistrada accedió, y la evaluación se celebra hoy.
En la misma jornada, los forenses también tomarán una muestra de cabello del detenido para realizar un contraanálisis de ADN. El objetivo es confirmar que los restos genéticos hallados en un cable con el que fue estrangulada Milagros y en el interruptor del cobertizo donde apareció el cadáver de Rubén pertenecen efectivamente a F. M. S.
Fue precisamente esa prueba genética la que quebró el silencio del sospechoso. Cuando los agentes le comunicaron que su perfil de ADN coincidía con los restos encontrados en la escena del crimen, el investigado reconoció los hechos.
Antes de llegar a ese punto, los investigadores ya habían seguido otra pista clave: el teléfono móvil de Rubén, que el sospechoso se había llevado consigo. El análisis del historial de llamadas reveló que el día del crimen el dispositivo se ubicó en varias ocasiones en Santander, algo completamente inusual para el usuario habitual del teléfono. Además, desde ese móvil se realizaron llamadas a una entidad bancaria intentando acceder al dinero de Rubén, y se registraron tres intentos fallidos de operar con su tarjeta por introducir el pin incorrecto.
Ese rastro digital fue el primer hilo que tiró la Guardia Civil para dar con el autor de uno de los crímenes más impactantes vividos en la comarca de Suances en los últimos años.



