Un vecino derriba la puerta de un piso en llamas en Torrelavega mientras una familia con cuatro niños espera atrapada en el piso de arriba

El incendio declarado hace dos días en los bloques 7 y 9 de la calle José Gutiérrez Alonso de Torrelavega sigue muy presente entre los vecinos. Las ventanas permanecen abiertas de par en par, el olor a humo no termina de irse y las paredes de las zonas comunes siguen ennegrecidas. Lo que vivieron aquella tarde, sin embargo, no lo olvidarán fácilmente.

Alejandro García Sotres estaba planchando una camisa en su vivienda, situada justo encima del piso afectado, cuando notó un olor extraño. Al asomarse a la ventana comprobó que el humo salía de la planta inferior. Bajó corriendo sin pensarlo.

La puerta de la habitación en llamas estaba cerrada con llave. Allí dormía de día una mujer que trabajaba de noche y nadie sabía si seguía dentro. Alejandro tomó carrerilla por el pasillo y necesitó unas cinco patadas para echarla abajo. Cuando cedió, una nube de humo le envolvió por completo. Pudo salir uno de los dos chihuahuas que había en el cuarto. El otro, de catorce años, no lo consiguió.

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Los policías locales llegaron en cuestión de minutos. Los bomberos, apenas cinco minutos después.

Mientras tanto, en el cuarto piso, Lady Soria vivía una situación desesperada. Ella, su pareja y sus cuatro hijos no se enteraron del incendio hasta que escucharon a los bomberos. Al abrir la puerta para intentar salir encontraron el pasillo completamente cegado por el humo. Volvieron a cerrar.

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Siguiendo las instrucciones de los bomberos, colocaron paños mojados en la puerta y llevaron a los niños a la habitación donde menos humo entraba. Una de las niñas pudo bajar por la escalera de los bomberos desde una ventana. El resto esperó dentro.

Lady reconoce que no pudo contenerse. Los niños lloraban. Ella también. Asegura que su hija todavía continúa asustada.

En el portal 9, la vecina Deli Dosal recuerda cómo percibieron el olor antes de que llegaran los equipos de emergencia. Estuvieron en la calle más de una hora mientras la calzada quedaba cortada al tráfico.

Alejandro lleva dos noches durmiendo en el sofá de un primo. Había dedicado meses a reformar la vivienda familiar y la había dejado, según sus palabras, impecable. Ahora trabaja con mascarilla para limpiar el hollín que el humo dejó en cada rincón, especialmente en el patio interior, donde la ventilación es nula. Los ventiladores y el ambientador no bastan.

El suceso dejó un balance de un animal muerto, una familia traumatizada y un vecino que actuó sin dudar cuando más falta hacía.