La calle Portales de Logroño revive diez años después la pesadilla de la inseguridad que ya protagonizó en 2016

El fantasma de la degradación ha vuelto a instalarse en uno de los tramos más emblemáticos del Casco Antiguo de Logroño. La calle Portales, concretamente el primer tramo entre las plazas de Amós Salvador y del Mercado, vuelve a ser escenario de trapicheos, peleas y conductas que hace una década obligaron al vecindario a organizarse bajo el lema «Salvemos Portales».

La calle Portales de Logroño revive diez años después la pesadilla de la inseguridad que ya protagonizó en 2016

La historia se repite con una diferencia fundamental: esta vez los vecinos ya avisaron.

Uno de los impulsores de aquella plataforma ciudadana nacida en abril de 2016 reconoce que hace meses puso en conocimiento del Ayuntamiento de Logroño que la situación comenzaba a parecerse peligrosamente a la de entonces. «Estaban advertidos, no se ha hecho nada, y volvemos a estar prácticamente igual», lamenta.

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La plataforma «Salvemos Portales» surgió como respuesta desesperada a una realidad que Logroño ya conocía desde finales de 2015: drogas, alcohol, prostitución y peleas concentradas en apenas unos metros de una de las calles más céntricas de la capital riojana. Aquella movilización vecinal, que llegó a extenderse al resto del Casco Antiguo e incluso a las zonas de ocio nocturno, logró que la Administración local reaccionara con una patrulla policial permanente en la zona. Funcionó.

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Pero el problema, como suele ocurrir, no desapareció del todo. Solo se movió.

Ahora, más de una década después, los mismos vecinos ven cómo el ciclo se reinicia. «Salvemos Portales nunca desapareció del todo, ha estado en letargo por si se le necesitaba», explica el mismo vecino, quien también recuerda que llevan tiempo solicitando al Ayuntamiento la retirada del círculo de bancos situado junto a los números 15 y 17 de la calle, cerca de la conocida como plaza del tilo, por considerarlo un foco que invita a repetir los problemas del pasado.

La petición no fue atendida. Y la situación que temían ha llegado.

Lo más llamativo de este retorno es la sensación de déjà vu entre quienes vivieron aquella primera crisis. Los comerciantes, los residentes y quienes pusieron los famosos «ojos» en balcones y escaparates como símbolo de su reivindicación vuelven a plantearse si el Ayuntamiento está dispuesto a actuar antes de que la situación se enquiste de nuevo.

La pregunta que flota en el ambiente del Casco Antiguo logroñés es sencilla pero incómoda: ¿cuánto tiempo tiene que pasar para que lo que ya se solucionó una vez deje de necesitar solución?