La urbanización de Cala en Porter, en el municipio de Alaior, vivió en la madrugada del jueves al viernes una de las noches más agitadas que se recuerdan en la zona. Un violento temporal descargó con especial virulencia sobre este enclave turístico, provocando cortes de luz masivos, caída de árboles y mobiliario urbano, y dejando a decenas de turistas bloqueados sin poder salir de sus alojamientos.

El punto más crítico de la noche se vivió en el hotel Bluesea Playa Azul, situado a pie de playa. Varios pinos de gran tamaño cayeron sobre los espacios comunes del establecimiento, cortando los accesos a los bungalós y dejando a sus ocupantes atrapados en el interior. Además, el vendaval rompió varias cristaleras del recinto.
El alcalde de Alaior, José Luis Benejam, se desplazó personalmente hasta la urbanización para supervisar la situación. «Ha sido preocupante o incluso crítica la situación vivida en este recinto privado por la caída de los árboles», afirmó el primer edil, quien subrayó como único consuelo que no se registró ningún herido.
Las zonas de Son Vitamina, La Argentina y Cales Coves también sufrieron daños similares. Desde la medianoche, la Policía Local y los equipos de Emergencias no cesaron de atender llamadas de vecinos y turistas afectados por las devastadoras consecuencias del temporal.
La tormenta provocó además cortes de suministro eléctrico en varias zonas de la isla al tumbar líneas de tendido. En total, unos 1.600 clientes se quedaron sin luz, siendo Cala en Porter la más perjudicada, junto a Es Castell, los Vergers de Sant Joan en Maó y La Marcona en Ferreries. La mayoría de los afectados permanecieron sin electricidad durante toda la mañana, y a media tarde los operarios de la compañía aún trabajaban para restablecer el servicio a una setentena de clientes.
Las comunicaciones telefónicas e internet también quedaron interrumpidas en la zona. Ante la falta de suministro, varios establecimientos comerciales de Cala en Porter tuvieron que echar mano de generadores para mantener su actividad y evitar la pérdida de productos.
Fue, en definitiva, una noche para olvidar en una de las urbanizaciones más concurridas del verano menorquín, aunque el balance final, sin víctimas que lamentar, permitió respirar a unos vecinos y visitantes que vivieron horas de verdadera tensión.
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