La Guardia Civil ha desarticulado una organización criminal dedicada al tráfico de drogas y al blanqueo de capitales que operaba desde Menorca. La operación, bautizada como Thor, se desarrolló la semana pasada en el municipio de Sant Lluís y se saldó con cuatro detenidos, casi 240.000 euros en efectivo y varios kilos de sustancias estupefacientes.

La investigación comenzó hace aproximadamente seis meses, cuando los agentes de Seguridad Ciudadana detectaron indicios de la existencia de una estructura criminal con una notable capacidad para distribuir droga en la isla.
El cerebro de la organización es un hombre de 42 años que, según apunta la Guardia Civil, se valía de su propio entorno familiar para ocultar la droga y blanquear los beneficios obtenidos con su venta. Sus familiares actuaban como testaferros, lo que dificultaba enormemente el rastreo del dinero y la localización de los estupefacientes.
El pasado martes, los investigadores del Equipo de Policía Judicial de Menorca realizaron cinco registros simultáneos. Tres de ellos se llevaron a cabo en Sant Lluís, concretamente en una nave industrial y en dos fincas. Los otros dos tuvieron lugar en Ciutadella y Es Castell.
El resultado de los registros fue contundente. Los agentes intervinieron 237.500 euros en metálico, 850 gramos de cocaína, dos kilos de marihuana, 16 teléfonos móviles, cinco vehículos, una embarcación, un arma simulada y básculas de precisión, además de otros utensilios vinculados a la distribución de drogas que serán analizados en el marco de la investigación.
Los cuatro detenidos son hombres de entre 42 y 62 años, tres de ellos de nacionalidad española y uno colombiano. Todos han quedado imputados por delitos de tráfico de drogas y blanqueo de capitales.
El cabecilla ingresó en prisión provisional con fianza por orden judicial. Los otros tres detenidos quedaron en libertad, aunque con la obligación de comparecer ante el juzgado cada quince días y con los pasaportes retirados como medida cautelar.
La operación Thor pone de relieve que Menorca, pese a su imagen tranquila y turística, no es ajena a la presencia de redes organizadas que aprovechan la dispersión geográfica de la isla y el movimiento de personas durante la temporada estival para facilitar sus actividades ilícitas.
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