La isla de Menorca afronta este domingo la cruda realidad que ha dejado tras de sí el violento temporal de viento y lluvia que la azotó en la madrugada del viernes. Mientras los municipios del levante insular recuperan una aparente calma, el verdadero impacto del desastre empieza a medirse en euros, preocupaciones y reuniones vecinales de urgencia.

Cala en Porter, perteneciente al municipio de Alaior, ha sido una de las zonas más golpeadas. Tejados con tejas quebradas, vallas y paredes medianeras derrumbadas, y numerosos pinos arrancados de cuajo sobre jardines, edificaciones y vehículos privados pintan un paisaje de destrucción que tendrá que ser tasado por las aseguradoras en los próximos días.
La amplia colonia británica que habita este núcleo turístico ha sido especialmente perjudicada. Algunos residentes han planteado ya a Roger Febrer, representante de la nueva Agrupació de Electors de Cala en Porter, la posibilidad de organizar colectas solidarias o de solicitar apoyo económico a las instituciones públicas para hacer frente a los desperfectos. En los próximos días se celebrará una reunión vecinal para abordar la situación.
El Hotel Playa Azul, una de las instalaciones más afectadas, ha retomado su actividad habitual tras la intervención de los bomberos y de empresas especializadas, que retiraron los pinos que habían dejado bloqueados a los clientes en sus bungalós.
El alcalde de Alaior, José Luis Benejam, destacó la labor de la Policía Local, las brigadas de limpieza y los servicios de Emergencias durante una noche que calificó de intensa. Entre los daños municipales, señaló la destrucción total de la vela de sombra del parque infantil de la plaza y el derribo de una valla.
En Maó, los bomberos —reforzados con efectivos llegados desde Ciutadella— trabajaron durante toda la mañana del sábado para retirar ramas y troncos de espacios públicos como el parque de la Calle Sant Manuel y los colegios Mateu Fontirroig y Verge de Gràcia, que también registraron daños, aunque no afectarán al inicio del curso escolar.
Es Castell contabilizó 22 incidencias entre el viernes y el sábado, todas relacionadas con la caída de árboles y planchas metálicas, según confirmó su alcalde, Lluís Camps.
En Binissafúller, una grúa retiró este sábado una lancha embarrancada en las rocas. Un velero varado permanece en el mismo punto a la espera de ser remolcado el lunes, una imagen que resume bien el rastro que ha dejado esta tormenta en la isla: un golpe fuerte, visible y caro de reparar.



