El Racing paga cara la distracción en el ‘cooling break’ y cae en Getafe con el sabor amargo de un penalti fallado

El Real Racing Club sumó una derrota en el Coliseum que deja un sabor agridulce, porque los cántabros demostraron de nuevo que tienen nivel para competir en Primera División, pero un penalti parado y un despiste en la pausa de refrigeración les costaron los tres puntos.

El Racing paga cara la distracción en el 'cooling break' y cae en Getafe con el sabor amargo de un penalti fallado

Los de Santander se midieron al Getafe en un partido sin prisioneros. Los azulones apretaron desde el pitido inicial con una presión intensa y no precisamente delicada hacia jugadores como Sergio Canales, que recibió más de una caricia que tenía poco de amistosa.

El Racing, sin embargo, supo aguantar el tipo. Con el paso de los minutos fue imponiendo su estilo y consiguió inclinar el partido a su favor. Un penalti a favor, tras una clara falta sobre Jorge Salinas, pareció que iba a ser el momento decisivo. Andrés Martín, encargado de lanzarlo, vio cómo el portero rival le adivinaba la intención y detuvo el disparo. Una de esas crueldades que el fútbol reserva para los momentos más inportunos.

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Lo peor vino después. En la pausa de refrigeración obligatoria, el equipo se desconectó demasiado. Al reanudarse el juego, el Getafe pilló a los racinguistas completamente fuera de posición y resolvió el partido con una contra que no tuvo respuesta. El oficio de los madrileños hizo el resto.

Canales reconoció al final que el empate habría sido el resultado más justo, y en su gesto se notaba el disgusto. Pero el fútbol no entiende de justicia, y los puntos se quedaron en Madrid.

Con todo, hay razones para el optimismo en la capital cántabra. El Racing ha disputado dos partidos en Primera y en ambos ha dejado destellos de buen juego. La sociedad entre Andrés Martín y Vicente vuelve a generar chispas cuando se encuentran, y el equipo demuestra que su manera de jugar también funciona a este nivel.

La derrota duele, pero no asusta. Los rivales ya no son los de Segunda División, pero los racinguistas siguen siendo igual de buenos que el curso pasado. Solo es cuestión de que ellos mismos terminen de creérselo.