La Consejería de Medio Ambiente y Energía de la Junta de Castilla y León ha publicado una orden oficial que obliga a extraer la madera quemada de las zonas afectadas por los incendios forestales de 2026 antes del 31 de marzo de 2028. La medida aparece recogida en el Boletín Oficial de Castilla y León y afecta de forma directa a los montes leoneses devastados este año por el fuego.

Entre los incendios señalados como especialmente graves figuran los de Castropodame y Murias de Ponjos, dos de las zonas de la provincia que sufrieron con mayor dureza las llamas durante el año en curso.
El objetivo principal de esta orden no es solo limpiar el terreno, sino frenar una amenaza que crece silenciosamente tras el paso del fuego: las plagas de insectos. La madera quemada y el arbolado debilitado son el caldo de cultivo ideal para especies como los escolítidos y los cerambícidos, insectos perforadores capaces de atacar y matar incluso a los árboles que sobrevivieron al incendio.
La Consejería explica que estos insectos, normalmente oportunistas, pueden multiplicarse de forma descontrolada si encuentran madera fresca sin la protección natural de la resina. Cuando sus poblaciones superan ciertos umbrales, dejan de conformarse con los árboles debilitados y atacan también los pies completamente sanos, extendiendo el daño mucho más allá de lo que el propio fuego causó.
La orden se centra especialmente en los pinares, donde el riesgo fitosanitario se califica de muy elevado, y establece un marco ágil para facilitar la corta y extracción de coníferas de pino, así como de otras especies cuando sea necesario para favorecer la regeneración natural del monte.
Los propietarios de terrenos forestales no gestionados por la administración autonómica son los principales destinatarios de esta normativa. Tendrán que actuar dentro del plazo fijado y bajo las condiciones técnicas que establece el pliego aprobado por la Junta.
Quien no cumpla en tiempo y forma se arriesga a que sea la propia Consejería quien ejecute los trabajos de forma subsidiaria, con el coste repercutido directamente sobre el titular del terreno.
Los montes leoneses, aún con las cicatrices abiertas del verano, afrontan ahora una carrera contra el reloj para evitar que el daño del fuego se prolongue durante años en forma de plaga.



