Santander tiene este verano una cita ineludible para los amantes de la gastronomía. El aparcamiento de los Campos de Sport, en El Sardinero, acoge hasta el próximo 6 de septiembre la Feria de las Naciones, un festival donde conviven puestos de todos los continentes y donde la comida es el mejor pasaporte para viajar sin moverse del sitio.

Banderas de América, Oceanía y hasta Palestina adornan el recinto, que se puede recorrer en apenas unos minutos pero que da para horas de descubrimientos. El festival demuestra que comer y conocer la historia de un lugar son dos cosas que siempre van de la mano.
Sultan, un palestino afincado en Santander, regenta uno de los puestos y ofrece hummus y falafel, nombres que suenan familiares, pero que esconden una diferencia fundamental. «Nosotros lo comemos para desayunar, y el hummus es muy distinto al que probáis en el supermercado», explica. El plato estrella de su stand es el musakhan, un rollo de pan frito relleno de carne especiada que sorprende a quien se atreve a pedirlo.
Justo enfrente, el puesto peruano tiene su propio as en la manga: el anticucho, un corazón de ternera en pincho que tiene una historia tan interesante como su sabor. Aída, la cocinera del stand, lleva 34 años en España y cuenta que este plato nació en la época de la esclavitud, cuando los ingredientes que sobraban acababan convirtiéndose en la comida popular de las calles de Lima.
Pero si hay algo que distingue a este festival de cualquier mercado gastronómico al uso, es la presencia de carnes que en Santander no se ven todos los días. Un stand con referencias a Sudáfrica y Egipto, gestionado con acento bien argentino, ofrece cocodrilo, canguro y, como novedad de este año, avestruz. «Son mucho más jugosas que la carne de vaca. De sabor, yo diría que se parece a la de ciervo», asegura Jorge, el propietario.
Para quienes prefieren terreno más conocido, el puesto argentino sirve empanadas y choripán con la misma seriedad con la que allí se habla de fútbol o de asado. No es mal plan para un atardecer en El Sardinero.
El festival abre sus puertas a diario y la entrada es libre. Una oportunidad para curiosear, probar y descubrir que la gastronomía mundial tiene mucho que contar, y que parte de ella ha aterrizado este verano en Santander.
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