Las fiestas de Calahorra tienen un ingrediente que las hace únicas: la competición. No la de los grandes estadios ni la de los palmarés oficiales, sino la que se vive entre vecinos, con un tonel rodando por la calle o un porrón apuntando al cielo.

La carrera de barricas de la Peña Philips es uno de esos momentos que ya forman parte del imaginario festivo de la ciudad. Una cuadrilla trata de dominar un tonel por un recorrido donde avanzar en línea recta ya merece un aplauso. El público no escatima en ánimos, y cada traspié arranca carcajadas y gritos a partes iguales. Durante esos minutos, mover una barrica se convierte en el asunto más importante de Calahorra.
Pero la cosa no acaba ahí. Las peñas han hecho de los concursos una seña de identidad propia, y el programa festivo se llena de pruebas que mezclan habilidad, humor y ganas de pasarlo bien. Aviones de papel, piedra-papel-tijera, beer pong o pruebas con el porrón componen un calendario paralelo al oficial que tiene su propio público fiel.
Las gincanas también ocupan un lugar destacado. La Peña El Sol propone una versión nocturna para los más aventureros, mientras que la Peña Calagurritana celebra su sexta edición juvenil. La Moza va un paso más allá con su Mozakings League, una propuesta que convierte los retos colectivos en toda una liga con espíritu de equipo.
Entre todas las disciplinas festivas, la del porrón tiene un sabor especial. La Peña El Hambre vuelve a organizar su particular campeonato de bebedores artísticos, donde no basta con no mojarse. También se valoran la postura, el aplomo y la elegancia con la que uno acepta las consecuencias. Acabar con alguna mancha, según dicen los veteranos, es casi un mérito.
Y para que nadie se quede fuera, los más pequeños también tienen su propio espacio dentro de la programación infantil, con pruebas adaptadas a su edad y con el mismo espíritu de diversión que mueve al resto.
En Calahorra, las fiestas no son solo música y procesiones. Son también ese momento en que una peña planta una barrica en mitad de la calle y, de repente, todo el barrio se convierte en tribuna.



