El sueño de devolver la vida a un palacio señorial del siglo XVI en la comarca burgalesa de Odra-Pisuerga puede quedar sepultado bajo más de 2.300 placas solares. La instalación de un complejo fotovoltaico a escasos 25 metros del Palacio de los Barahona amenaza con echar por tierra un ambicioso proyecto de repoblación rural en Villaverde Mogina.

La Cooperativa Dhamma lleva tiempo trabajando en la rehabilitación integral de este inmueble histórico, abandonado desde finales de los años noventa, con el objetivo de convertirlo en el motor de una nueva comunidad. El plan incluye la creación de una tienda de productos ecológicos, espacios de coworking, zonas comunes cedidas al pueblo y, sobre todo, la llegada de nuevos residentes que frenen la sangría demográfica que sufre el municipio.
Sin embargo, el proyecto choca de frente con la realidad de un territorio cada vez más acosado por las energías renovables. La parcela que rodea las caras norte y este del palacio está destinada a albergar una planta solar de módulos fijos que, según los responsables de la cooperativa, generaría un impacto visual tan «masivo e industrial» que haría imposible atraer tanto a nuevos vecinos como a visitantes.
«No sería compatible. De eso estamos convencidos», afirma Gonzalo Macías, uno de los impulsores de la iniciativa. En su opinión, la presencia de las instalaciones fotovoltaicas destruiría la base económica sobre la que se asienta todo el proyecto, convirtiendo en inviable la inversión prevista.
La cooperativa no oculta que, si el parque solar sale adelante, buscará otro municipio donde desarrollar su propuesta. Un golpe duro para Villaverde Mogina, que vería escapar una oportunidad única de recuperar población y actividad económica en clave sostenible.
El caso pone de relieve una tensión cada vez más habitual en el mundo rural burgalés: la convivencia entre las energías renovables y la conservación del paisaje y el patrimonio que hace atractivos a estos pequeños municipios. Los beneficios económicos que generan los parques fotovoltaicos para ayuntamientos y propietarios de tierras no siempre compensan las consecuencias que arrastran para la identidad y el futuro de los pueblos.
Villaverde Mogina se encuentra ahora en una encrucijada. Lo que se decida en los próximos meses marcará si este rincón de la comarca Odra-Pisuerga apuesta por el cemento y el metal de las placas, o por las personas que todavía creen que vivir en el rural tiene sentido.
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