Las zonas forestales de Ávila afectadas por los últimos incendios entran en una nueva fase de recuperación tras la decisión de la Junta de Castilla y León de ordenar la extracción de la madera quemada que permanece en pie o caída en los terrenos dañados por el fuego.

La medida, impulsada desde la administración regional, busca reducir los riesgos asociados a la acumulación de biomasa seca en los montes afectados. Los troncos y ramas calcinadas suponen un peligro real: favorecen la proliferación de plagas forestales, dificultan la regeneración natural de la vegetación y aumentan el riesgo de nuevos incendios si no se retiran a tiempo.
Técnicos de la consejería competente en materia de medio ambiente han señalado que los trabajos de extracción deben realizarse dentro de unos plazos concretos para que sean realmente efectivos. Cuanto más tiempo permanece la madera muerta en el monte, mayor es la probabilidad de que sirva de refugio y alimento a insectos xilófagos como el escolítido, que pueden extender el daño a zonas de arbolado que sobrevivieron al fuego.
La provincia de Ávila ha sufrido en los últimos años episodios de incendio que han dejado huella en su patrimonio natural. Los montes de la sierra y las zonas de transición entre el bosque y el pastizal han sido especialmente vulnerables durante los períodos de sequía y calor extremo, condiciones cada vez más frecuentes en la región.
La extracción de la madera quemada no solo tiene una función preventiva, sino también económica. En muchos casos, parte de esa madera puede aprovecharse para usos industriales o energéticos, lo que permite recuperar algo del valor perdido tras el paso del fuego y financiar parte de los trabajos de limpieza y restauración del terreno.
Los propietarios de terrenos forestales afectados deberán coordinarse con los servicios de la Junta para cumplir con los plazos y condiciones establecidos en la orden. La administración ha anunciado que contará con equipos de apoyo para facilitar las tareas en aquellas zonas de difícil acceso o de mayor complejidad técnica.
La recuperación de un monte quemado es un proceso largo que puede durar décadas. Sin embargo, una gestión adecuada de los primeros meses tras el incendio resulta clave para sentar las bases de una regeneración saludable y reducir los daños a largo plazo sobre el ecosistema abulense.



