La parroquia de Revilla de Camargo ha recuperado el esplendor de su fachada después de una profunda intervención exterior que ha transformado el aspecto de uno de los templos más antiguos del municipio. El edificio, construido en el año 1111 y dedicado a San Miguel Arcángel, luce ahora una piedra clara y restaurada que ha sorprendido a los propios vecinos del entorno.

«Parece que la acabaran de construir», asegura José Cossio, residente de la zona, que ha seguido de cerca el avance de los trabajos desde el primer día.
El Obispado, promotor del proyecto, impulsó la intervención tras detectar serios problemas estructurales en la zona del tejado situada sobre el retablo. Las grietas acumuladas con el tiempo habían permitido la entrada de agua al interior del templo, lo que obligó a cerrar sus puertas incluso antes de que arrancaran formalmente las obras.
La primera fase, que ha ocupado los últimos cinco meses, se ha centrado en devolver la salud y la imagen al exterior del edificio. Los trabajos han incluido la reparación completa del tejado, el saneamiento de las paredes y la torre, y la sustitución de las antiguas ventanas de madera tapiadas por nuevos ventanales. Las puertas principales han sido lijadas y están pendientes de recibir el barnizado final.
El cambio más llamativo para los vecinos ha sido el blanqueamiento de la piedra. El proceso de chorreado de arena aplicado sobre la fachada ha eliminado la suciedad y el oscurecimiento acumulado durante siglos, logrando ese acabado luminoso que tanto llama la atención a quienes pasan por delante.
«Antes estaba la piedra más oscura y ahora está como nueva, blanca, blanca», describe Cossio, que no oculta su satisfacción por el resultado.
Sin embargo, la transformación no ha concluido. Con el exterior ya rehabilitado, los operarios han trasladado sus esfuerzos al interior del templo, donde continúan los trabajos en este momento. Desde el Obispado calculan que quedan al menos un mes y medio más de intervención, pues «en el interior queda también mucho por hacer aún».
El objetivo es que la iglesia de Revilla pueda abrir sus puertas de nuevo cuanto antes, un regreso que los vecinos del entorno esperan con impaciencia después de meses viendo avanzar las obras desde fuera, sin poder acceder al interior de un edificio que forma parte de la historia y la identidad de Camargo.
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