Ciutadella ha vivido esta semana un episodio extraordinario de ‘rissagues’ que ha dejado inundaciones en playas y establecimientos turísticos, y que ha obligado a la Agencia Estatal de Meteorología a decretar alerta amarilla. El fenómeno, que no solo ha afectado al puerto de Ciutadella sino también a otros puntos de Menorca y de Mallorca, ha sorprendido incluso a los científicos más experimentados en la materia.

Agustí Jansà, meteorólogo de referencia en la isla y exdirector de la Aemet en Balears, ha sido claro al valorar lo ocurrido: «No es habitual que haya un periodo tan largo de ‘rissagues’». Según el investigador, se han producido más de las esperadas en una sola semana, y esto guarda relación con los prolongados periodos de calor, el polvo en suspensión que llega del sur, el bochorno y la llamada lluvia de barro.
Los datos hablan por sí solos. La ‘rissaga’ registrada el lunes alcanzó 1,44 metros, una de las más altas de los últimos diez años. Que se produzcan dos oscilaciones tan pronunciadas en tan poco tiempo es, en palabras del propio experto, «anómalo».
El episodio del jueves por la noche siguió un patrón diferente al habitual. En lugar de grandes cambios de presión atmosférica, se registraron muchas variaciones pequeñas pero muy regulares que entraron en resonancia con la oscilación propia del puerto, lo que facilitó una amplificación del fenómeno. El resultado fueron variaciones de 1,44 y 1,41 metros, muy por encima de los 40 a 70 centímetros que se habían previsto inicialmente.
Las imágenes de Santandria dieron la vuelta a la isla: la playa desapareció bajo el agua y varios establecimientos turísticos sufrieron inundaciones de hasta medio metro, con daños en el mobiliario de la zona costera. La alerta amarilla estuvo activa desde las 18 horas hasta las 2 de la madrugada del viernes.
Para entender la magnitud real del fenómeno, Jansà recuerda que las ‘rissagues’ más devastadoras de la historia reciente de Ciutadella fueron las del 21 de junio de 1984, con variaciones de entre 3,5 y 4 metros, y la del 15 de junio de 2006, cuando el nivel del mar llegó a oscilar entre 4 y 5 metros y se registró un cambio de presión de 7 hectopascales, muy por encima de lo normal.
Lo que más preocupa a los expertos no es solo lo ocurrido esta semana, sino lo que puede venir. «Es difícil decir por qué está ocurriendo esto», admite Jansà, «pero la tendencia es que se repita» con mayor frecuencia. Una advertencia que la isla no debería pasar por alto.



