Seis décadas uniendo dos orillas: el puente de Pontejos cumple 60 años con el hormigón deteriorado y sin fecha de reparación

El puente de Pontejos sopla hoy sesenta velas. Un 29 de agosto de 1966, cientos de vecinos de El Astillero y Marina de Cudeyo se reunieron a ambas orillas de la ría para celebrar la inauguración de una estructura que cambiaría sus vidas para siempre. Seis décadas después, el puente sigue en pie, sigue siendo imprescindible, pero acusa el paso del tiempo y espera un proyecto de rehabilitación que aún no tiene fecha.

Seis décadas uniendo dos orillas: el puente de Pontejos cumple 60 años con el hormigón deteriorado y sin fecha de reparación

Antes de que aquella plataforma de hormigón cruzara la bahía, lo que unía a los vecinos de ambos municipios era una barca motorizada. Los horarios del servicio y los caprichos del viento marcaban el ritmo cotidiano de quienes necesitaban cruzar. El último barquero, el pedreñero Gonzalo Tricio, tardó apenas ocho días en recoger sus bártulos tras la inauguración del puente. Su oficio había quedado obsoleto de un día para otro.

La obra costó 32 millones de pesetas, el equivalente a unos 192.300 euros actuales, y fue impulsada por el entonces alcalde de El Astillero, José Solana del Río. En la celebración de aquel día, un bodeguero donó incluso una barrica de vino para los presentes. Las fotografías en blanco y negro de la época muestran una multitud que entendía perfectamente la magnitud de lo que se estrenaba.

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El actual alcalde de El Astillero, Javier Fernández Soberón, recuerda que aquella infraestructura «marcó un antes y un después para los vecinos» y que el municipio mantiene junto a la rotonda del puente una barca como homenaje a la época anterior. Por su parte, el alcalde de Marina de Cudeyo, Pedro Pérez Ferradas, subraya que se trata de «un paso casi obligado» para quienes llegan desde Santander, Camargo o El Astillero, especialmente en verano con el tráfico hacia las playas.

El puente también fue clave para el desarrollo industrial de la zona. Su apertura coincidió con la puesta en marcha de instalaciones como Calatrava, en Gajano, y Simsa, en Pontejos, y abrió la puerta a nuevos talleres en el entorno de la bahía.

Pero el tiempo no pasa en balde. El hormigón presenta signos evidentes de deterioro por la exposición al ambiente marino, los desprendimientos obligaron a instalar una malla protectora y a restringir el paso de embarcaciones bajo varios de sus arcos. Algunas vallas también muestran el desgaste.

La Consejería de Fomento trabaja en un proyecto para mejorar su estado, aunque sin plazos concretos. El puente cumple 60 años con la misma estructura de siempre y con la misma espera de siempre.