La malagueña protagonizó uno de los momentos más emotivos del Negrita Music Festival con un espectáculo cargado de energía, intimidad y una conexión con el público que hizo olvidar que la noche empezaba en medio de la lluvia.

La explanada de La Virgen del Mar no estaba llena hasta los bordes, pero lo que faltó en número lo sobró en entrega. Ana Mena llegó a Santander con su Summer Affair Tour y se fue dejando una de las actuaciones más recordadas de este verano en Cantabria.
El espectáculo arrancó a las 22.25 horas con una plataforma escénica de cuatro metros dividida en dos alturas y ocho bailarines perfectamente coordinados. Al frente de la banda, el actor y cantante Víctor Elías dirigió a unos músicos que completaron un directo de gran nivel. Todo estaba medido al milímetro, pero sin perder nunca la calidez.
La artista abrió con Carita triste, Solo y Un beso de improviso antes de mostrar su faceta más íntima. En Lárgate dejó sola a la plataforma, apoyada únicamente en un pie de micrófono, y se dirigió al público con palabras que el recinto recibió como suyas: Me encanta vuestra tierra. Gracias por acogerme así, es precioso.
Uno de los momentos más aplaudidos llegó con Pa ti toa, su reciente colaboración con Lola Índigo, que arrancó una ovación generalizada. Después, en versión acústica junto al guitarrista, interpretó Quiero decirte y pidió al público que la acompañara. No hizo falta insistir. La explanada entera cantó con ella desde las primeras notas.
Lo que también llamó la atención fue la variedad del público congregado. Adolescentes, familias con niñas pequeñas y espectadores de más edad compartían espacio sin que resultara extraño. Esa mezcla dice mucho de dónde está Ana Mena hoy en el panorama musical español.
Santander tiene además un peso especial en su trayectoria. Hace cuatro años debutó en Cantabria en La Campa de La Magdalena, y en los 40 Music Awards de 2024, celebrados en la ciudad, presentó Carita triste y se llevó el premio a Mejor Canción por Madrid City.
La noche cerró con Madrid City como último gran estallido de euforia, poniendo el broche perfecto a una actuación que demostró que el talento, cuando es genuino, no necesita un aforo completo para llenar un recinto.



