Una joven zamorana recupera la memoria viva de los pueblos de Zamora antes de que llegara Internet

Rebeca Álvarez tenía claro que su trabajo de fin de grado no iba a quedarse encerrado en una biblioteca. Esta estudiante de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid eligió los pueblos de Zamora como escenario para investigar cómo se comunicaban sus vecinos en el siglo XX, mucho antes de que existieran los móviles o las redes sociales. El resultado es un trabajo titulado «Voces del lavadero: memorias de la Zamora rural» que ha obtenido la calificación de sobresaliente.

Una joven zamorana recupera la memoria viva de los pueblos de Zamora antes de que llegara Internet

La idea surgió en una conversación familiar. Sus raíces en Vega de Tera y Vezdemarbán le pusieron sobre la pista de figuras como los arrieros y de espacios cotidianos como los lavaderos. Desde ahí, Rebeca conectó esa historia con su vocación periodística y decidió salir a la calle a buscar los testimonios de quienes lo vivieron.

Durante fines de semana y periodos de vacaciones, recorrió localidades como Pozuelo, Tábara, Villardeciervos, Lubián, Padornelo y Arquilinos. En cada parada, grabó con su móvil las historias de personas mayores que recordaban de primera mano cómo circulaba la información en aquellos tiempos. El trabajo se presenta en formato podcast, lo que refuerza ese carácter humano y cercano que ella buscaba desde el principio.

Noticias de Zamora en tu WhatsAppGratis, sin registros y sin que nadie vea tu número.
Unirme al canal
🎉
¡Andavías está en fiestas!Qué hay hoy — programa en vivo29 ago — 8 sept
En fiestas

El lavadero emerge en la investigación como el gran espacio de comunicación femenina de los pueblos zamoranos. Allí las mujeres se encontraban, compartían noticias, reforzaban lazos vecinales e incluso acordaban matrimonios. Con la llegada de las lavadoras, estos lugares fueron perdiendo su función original, aunque ahora forman parte del patrimonio y la memoria colectiva de muchas localidades.

Pero los lavaderos no eran el único canal de información. La solana, ese rincón soleado en el exterior de las casas, y la iglesia también cumplían ese papel. Las campanas, en particular, tenían un lenguaje propio: marcaban las horas, convocaban a los vecinos, anunciaban actos religiosos y transmitían avisos urgentes. Hoy ese saber está reconocido como Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco. Antonio Ballesteros, presidente de la Asociación de Campaneros Zamoranos, fue uno de los expertos que compartió con Rebeca su conocimiento sobre este tema.

El trabajo retrata una Zamora rural descrita como un territorio aislado y alejado de los grandes circuitos informativos, donde la comunicación se reducía a lo más próximo. Y sin embargo, funcionaba. Las voces del lavadero, el tañido de las campanas y la conversación en la solana tejían una red de información tan eficaz como la que hoy ofrecen los grupos de WhatsApp del vecindario.