Decenas de personas se reunieron este sábado en el recinto del udaleku de Bernedo para celebrar una llamada «fiesta solidaria» organizada por los impulsores del polémico campamento infantil, que desde hace un año se encuentra en el centro de una investigación judicial por posibles delitos contra la libertad sexual.

La Diputación de Álava había prohibido expresamente la celebración de las colonias este verano, pero los organizadores, en colaboración con la junta administrativa del municipio alavés, decidieron convocar el encuentro bajo otro formato. El acto reunió a jóvenes, familias con menores y figuras conocidas del mundo cultural vasco hasta bien entrada la medianoche.
El ambiente fue de apoyo explícito al proyecto. Pancartas desplegadas por el pueblo rechazaban la «represión institucional» y ensalzaban los Euskal Udalekuak. En el exterior del local hubo una comida popular, actuación de bertsolaris y los payasos Porrotx y Zapotxin, quienes forman parte de la lista de personalidades del ámbito cultural y televisivo que han mostrado respaldo público a la entidad organizadora del campamento.
Los asistentes tampoco hicieron ninguna mención a las denuncias que pesan sobre el recinto. En la plaza del viejo frontón, participantes del udaleku de distintas edades tomaron la palabra para relatar experiencias positivas y entonaron una canción en la que proclamaban que Bernedo es «el mejor campamento del mundo».
Sin embargo, la situación judicial es grave. El Juzgado de Instrucción número 3 de Vitoria ha acotado su investigación a las ediciones de 2022 a 2025, y hasta quince monitores y trabajadores han sido citados a declarar como investigados a mediados de septiembre. Ocho posibles víctimas también tienen reuniones programadas con el juzgado.
Los testimonios recogidos en las denuncias hablan de niñas obligadas a desnudarse y compartir duchas con chicos, acoso sexual entre menores, vejaciones y conductas inapropiadas por parte de algunas monitoras que supuestamente animaban a los menores a comportamientos sexualizados.
Algunas de esas posibles víctimas han expresado su malestar ante la celebración de este sábado, sintiéndola como una respuesta directa a sus testimonios antes de que estos sean ratificados ante el juez.
Lo único que los organizadores han reconocido hasta ahora es haber recibido quejas sobre «el funcionamiento de las duchas», donde niños y niñas eran obligados a desnudarse juntos. Una explicación que choca frontalmente con la gravedad de lo que describen las familias denunciantes.
El caso sigue su curso judicial con el otoño como próxima cita clave.



