Las llamas declaradas el viernes en las antiguas oficinas de la fábrica de Sniace, en Duález, han vuelto a poner el foco sobre una situación que los vecinos llevan tiempo denunciando: el acceso libre y cotidiano de personas de toda condición a unas instalaciones en avanzado estado de deterioro.

Padres con niños, jóvenes cargados con botes de pintura, aficionados a la fotografía, creadores de vídeo y personas que llegan incluso a pasar la noche dentro. Así describe César Peláez, presidente de la Junta Vecinal de Duález, el día a día de un recinto que, según sus palabras, se ha convertido en un parque de atracciones público al que cualquiera puede acceder.
Carlos Rojas, vecino de la zona, lo contempla desde su propia ventana. Cuenta haber contado hasta veinte jóvenes menores de edad entrando con latas de spray en una sola jornada. El aparcamiento del cementerio de Duález funciona como punto de estacionamiento previo, con coches que permanecen allí varios días seguidos.
El incendio del viernes agravó la preocupación. En la zona afectada había sofás usados como improvisadas camas, y los bomberos tuvieron que comprobar que no quedara ninguna persona antes de comenzar las labores de extinción. Las causas del fuego no están todavía determinadas, aunque todo apunta a la intervención humana, ya sea intencionada o accidental.
El recinto cuenta con vigilancia en uno de sus accesos, pero sus grandes dimensiones permiten entrar por múltiples puntos sin que nadie lo impida. Los saqueos de meses anteriores, protagonizados por grupos organizados que extraían metales con radiales, han disminuido al no quedar material de valor. Sin embargo, las entradas no han cesado.
Ric Energy, propietaria actual de los terrenos, asegura que la situación ha mejorado de forma notable y califica las entradas actuales de hechos excepcionales. La empresa afirma tener un nivel de control muy alto y asegura estar muy pendiente del recinto. El proyecto de transformación del espacio avanza, aunque sin fecha concreta para el inicio de las obras.
Para los extrabajadores, el incendio ha removido una tristeza acumulada. Ricardo Liaño reconoce que el deterioro hacía previsible un suceso así. Felipe Garrido, que pasó toda su vida laboral entre aquellas paredes, habla de penas que se van sumando al recordar lo que fue la fábrica.
Los vecinos piden que se refuercen los cierres y se actúe con urgencia antes de que ocurra una desgracia mayor.
Más noticias de Santander
Vandalismo y abandono se citan en el puente más problemático de Riotuerto
Cinco meses paralizado: el colapso burocrático en Madrid deja a Cantabria sin su primer parque eólico en veinte años
El puente de Raos recuperará su plena operatividad tras adjudicarse la reparación de la última hoja averiada por 568.700 euros