La Autoridad Portuaria de Santander ha dado un paso decisivo para cerrar el largo capítulo de averías que ha condicionado el trabajo de los pescadores de la ciudad durante el último año y medio. La empresa Desarrollo, Gestión Industrial y del Medio Ambiente ha sido la adjudicataria de los trabajos de reparación de la hoja móvil del puente de Raos en el lado de Maliaño, con un presupuesto de 568.700 euros y un plazo de ejecución de cinco meses.

El presidente de la Autoridad Portuaria, Jesús Díaz, ha subrayado que las obras se llevarán a cabo en dos fases para compatibilizar los trabajos con la operatividad del puente el mayor tiempo posible, de modo que el acceso a la dársena no se vea afectado en ningún momento.
El núcleo de la intervención consiste en el izado temporal de la hoja móvil para sustituir los semiejes y las rótulas del sistema principal de movimiento basculante. Además, se realizarán ensayos sobre las soldaduras de la estructura metálica para detectar posibles defectos y proceder a su reparación si fuera necesario. Como novedad, se instalará un sistema de monitorización estructural que funcionará tanto durante la obra como de forma permanente una vez el puente esté en servicio, lo que permitirá un control continuo de su estado.
Esta adjudicación llega seis meses después de que concluyeran las obras en la hoja del lado de Raos, que resultaban prioritarias para el sector pesquero. El puente, que conecta la lonja con el mar y es vital para la salida y entrada de los barcos, se averió hace aproximadamente año y medio. Durante ocho meses, los pescadores tuvieron que trabajar en condiciones muy difíciles, sin poder gestionar libremente sus horarios ni descargar en la lonja con normalidad.
Las protestas del colectivo fueron constantes y, en algunos momentos, especialmente llamativas. La más recordada fue la negativa de la Cofradía de Pescadores a sacar la Virgen del Carmen en procesión marítima, una tradición muy arraigada en la ciudad, como forma de presión para exigir soluciones urgentes.
Con la reparación de esta última hoja, la infraestructura recuperará la plena operatividad que la comunidad pesquera lleva reclamando desde que comenzaron los problemas. Para el sector, será el fin de una etapa marcada por la incertidumbre y las limitaciones que tanto daño han hecho a su actividad diaria.
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