La Universidad Internacional Menéndez Pelayo ha entregado este lunes su XVIII Premio La Barraca a las Artes Escénicas al director de orquesta granadino Pablo Heras-Casado, una de las figuras españolas con mayor proyección internacional en el mundo de la batuta y la ópera.

El acto ha tenido lugar en el Palacio de La Magdalena, donde el rector de la UIMP, Ángel Pelayo, ha entregado el galardón al músico ante la presencia de la vicerrectora Paloma Ortiz de Urbina. El premio, que evoca el espíritu libre e itinerante de la compañía teatral universitaria fundada por Federico García Lorca, reconoce la contribución de Heras-Casado a las artes escénicas a lo largo de más de tres décadas de carrera.
«Es mi primera visita a Santander y espero que no sea la última. Gracias por este honor tan grande que le dais a la música, a Wagner y a mí personalmente», dijo el director tras recoger el galardón.
La jornada no podía tener mejor remate. Por la noche, Heras-Casado clausuró el Festival Internacional de Santander al frente de la Orquesta de Bayreuth, con una selección de la tetralogía El anillo del nibelungo de Richard Wagner. Es uno de los cinco conciertos que esta formación alemana ofrece en España dentro de lo que el propio director ha calificado como «una gira única, histórica, que no creo que se repita».
La ceremonia sirvió también para trazar un hilo invisible entre el músico granadino y García Lorca, fundador de La Barraca. Ambos son granadinos universales y han buscado la belleza en la intersección entre teatro y música. Hay además una curiosa coincidencia: el hijo del director nació el mismo día que el poeta, cuyo fusilamiento se conmemora este año con motivo de su 90 aniversario.
Heras-Casado también recordó sus años universitarios, cuando organizaba «proyectos pequeñitos» por los pueblos de Granada, pegando carteles y buscando recursos para difundir el arte allá donde no los había.
El premio, además, llega cargado de simbolismo: 2026 es el año en que se celebra el 150 aniversario del estreno de El anillo del nibelungo en Bayreuth, festival que el propio Wagner inauguró en 1876. Un triángulo perfecto entre Santander, Lorca y Wagner que el director no ha podido dejar pasar sin emoción.
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