Padre e hijo se citan en el ruedo de sus raíces: Sánchez Vara y Rubén Vara harán historia en Pareja el 7 de septiembre

La plaza de El Torreón acogerá este lunes uno de los momentos más emotivos de las Fiestas Patronales de la Virgen de los Remedios. El matador Francisco Javier Sánchez Vara compartirá cartel por primera vez con su hijo, el novillero Rubén Vara, en el pueblo que vio nacer su vocación taurina.

Padre e hijo se citan en el ruedo de sus raíces: Sánchez Vara y Rubén Vara harán historia en Pareja el 7 de septiembre

El festival sin picadores arrancará a las 18:30 horas con cuatro novillos de la ganadería Torrenueva, dos para cada figura. El escenario no es casual: Sánchez Vara llegó de niño a ese mismo coso a pedir las llaves para entrenar y dio allí sus primeros muletazos. «Para mí tiene un valor sentimental incalculable», reconoce el propio matador.

Pareja es el pueblo de su madre, de su familia y de muchos de sus amigos. Sus hijos han pasado allí buena parte de sus veranos. Cada vez que la televisión ha retransmitido una corrida y ha nombrado a Sánchez Vara como «el torero de Pareja», el matador ha sentido un orgullo especial. Ahora ese vínculo sentimental alcanza su máxima expresión en forma de tarde taurina junto a su hijo.

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El evento es también el resultado de meses de trabajo por parte del Ayuntamiento. El alcalde, Javier del Río, y el propio Sánchez Vara lo anunciaron públicamente en mayo durante la presentación de una biografía del matador. Del Río lo definió entonces como «un día muy bonito para Pareja, para los aficionados y para toda la familia», y destacó el orgullo que supone que Sánchez Vara haya llevado el nombre del municipio por todas las plazas de España.

En cuanto a Rubén, su padre ve en él una evolución notable. Destaca su valor natural, su gusto toreando y una capacidad de conectar con el público que, a su juicio, es difícil de enseñar. Aunque Sánchez Vara procura respetar la personalidad de su hijo y limita sus consejos a lo técnico, la tarde promete una sana rivalidad. «Él irá a estar bien y yo iré a enseñarle quién manda», adelanta con humor.

El deseo de fondo, sin embargo, es otro bien distinto: que los novillos embistan, que ambos puedan expresar el toreo que llevan dentro y que el público salga satisfecho de El Torreón.

El matador define la tarde como el encuentro entre «un torero del presente todavía con carrete y uno del futuro que le queda todo por delante», y cierra con una ilusión que trasciende lo deportivo: que cuando él cuelgue los trastos, sea Rubén quien siga poniendo el nombre de Pareja en los carteles de toda España.