El último encierro de Cuéllar pone a prueba a los mozos con una manga dispersa y llena de imprevistos

Cuéllar vivió el cierre de sus tradicionales encierros con una jornada marcada por la tensión y la dificultad. El recorrido final dejó momentos de máxima incertidumbre entre los participantes y el numeroso público que se congregó para despedir unas fiestas con siglos de historia a sus espaldas.

El último encierro de Cuéllar pone a prueba a los mozos con una manga dispersa y llena de imprevistos

La manga del último día fue descrita por aficionados y protagonistas como una de las más complicadas de recordar en los últimos años. Los astados corrieron de forma disgregada, sin formar el grupo compacto que facilita el control del encierro, lo que generó situaciones imprevistas a lo largo de todo el trayecto y obligó a los mozos a extremar la prudencia en cada tramo.

Cuéllar presume de albergar uno de los encierros más antiguos de España, con documentación que se remonta al siglo XIII, varios siglos antes que el célebre de Pamplona. Esta carga histórica convierte cada edición en un acontecimiento que va mucho más allá de la fiesta local, atrayendo a visitantes de toda la región y de puntos lejanos de la geografía nacional.

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En fiestas

La dispersión del ganado durante el recorrido es uno de los escenarios que más respeto impone entre quienes participan. Cuando los toros no van juntos, la atención debe multiplicarse porque el peligro puede aparecer desde cualquier ángulo y en cualquier momento. Los veteranos del encierro fueron los primeros en advertir de la complejidad de la jornada nada más cruzar la meta.

A pesar de las dificultades, la edición de este año concluyó sin incidentes graves que lamentar, algo que los organizadores y las autoridades locales valoraron de forma muy positiva. Los servicios sanitarios, desplegados como cada año en puntos estratégicos del recorrido, atendieron situaciones menores sin que ninguna de ellas revistiera gravedad.

Con el cierre de los encierros, Cuéllar da por concluidas sus fiestas patronales y regresa poco a poco a la calma. Hasta el próximo año, la plaza, las calles y el fervor de los aficionados quedan en espera de una nueva cita con una tradición que el tiempo no ha logrado apagar.