El gobierno municipal de Ciutadella, formado por PSOE, PSM y Gent per Ciutadella, deberá revertir temporalmente la peatonalización de la plaza de Es Born después de que la Justicia haya dictado medidas cautelares en ese sentido. La alcaldesa, Maria Jesús Bagur, anunció este jueves que acatará la resolución judicial pese a no compartirla.

La decisión no es definitiva, ya que el fondo del asunto aún no ha sido resuelto y el Ayuntamiento tiene pendiente un recurso de casación. Pero el golpe político es innegable.
Todo comenzó cuando 22 empresarios locales cuestionaron el procedimiento seguido por el consistorio para llevar a cabo la peatonalización de este emblemático espacio del casco antiguo de la ciudad. Lejos de ser un enfrentamiento sobre el fondo de la medida, el conflicto se centró en las formas y los pasos administrativos dados por el equipo de gobierno.
En mayo, el Tribunal Superior de Justicia de Balears ya dejó sin efecto las decisiones municipales sobre la peatonalización. Aquella fue una señal de alarma que el tripartito no supo o no quiso aprovechar para cambiar de rumbo y abrir un proceso de negociación con los afectados.
El gobierno municipal ganó tiempo, pero perdió la oportunidad de sentarse a dialogar. Cuatro meses después, la situación es peor que antes: sin acuerdo, con la imagen deteriorada y con la plaza de vuelta al punto de partida.
Lo llamativo del caso es que la peatonalización de Es Born es un objetivo compartido por todas las fuerzas políticas del municipio. No hay debate sobre el qué, sino sobre el cómo. Eso hace aún más difícil de entender que el ejecutivo local no haya tendido puentes con los empresarios, sino que haya optado por los reproches y la confrontación pública.
La falta de autocrítica y la obstinación han pesado más que la voluntad de encontrar una salida negociada. En política local, las formas importan tanto como los proyectos, y este episodio deja en evidencia que al tripartito le ha faltado capacidad para gestionar el conflicto con la discreción y la habilidad que la situación requería.
Ciutadella sigue sin tener su plaza peatonalizada, y el camino para lograrlo se presenta ahora más largo y más complicado que nunca.
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