El Ayuntamiento de Torrelavega ha adjudicado un plan de choque para proteger 42 palmeras municipales amenazadas por el picudo rojo, una plaga que ya se cobró este año uno de los árboles más queridos de la ciudad: una de las dos palmeras centenarias de la iglesia de La Asunción.

El contrato ha recaído en la técnica en gestión forestal y del medio natural Vanesa Tilán Fernández, por un importe de 54.885,60 euros correspondientes a los dos primeros años de servicio, prorrogables por dos anualidades más.
El picudo rojo es un enemigo difícil de detectar a tiempo. Sus larvas se desarrollan en el interior de la palmera, donde excavan galerías y destruyen los tejidos sin dejar señales visibles en el exterior. Cuando la copa comienza a caerse o las hojas se desprenden, el árbol suele estar ya demasiado deteriorado para salvarse.
Torrelavega lo vivió en primera persona el pasado febrero, cuando tuvo que talar una de las dos palmeras plantadas en La Asunción en 1908. A pesar de meses de tratamientos e incluso una cirugía arbórea, el picudo ganó la batalla. El árbol fue desmontado por partes, dejando un hueco que muchos vecinos aún sienten.
Para evitar que esa escena se repita, el nuevo plan prevé inspecciones anuales individualizadas de los 42 ejemplares repartidos por distintos puntos del municipio: desde La Asunción hasta el complejo Óscar Freire, el colegio Cervantes, La Lechera, Campuzano o Nueva Ciudad.
Cada inspección incluirá el análisis del estado fitosanitario del árbol, la búsqueda de indicios de infección, tratamientos autorizados, podas sanitarias e informes técnicos. Algunas intervenciones se realizarán en horarios de baja afluencia de personas, dado que el deterioro puede comprometer la estabilidad de los árboles en espacios públicos.
El consistorio reconoce que no cuenta con personal propio suficientemente especializado para asumir esta tarea, razón por la que ha optado por externalizar el servicio.
El plan también tiene un componente formativo. La empresa adjudicataria impartirá dos jornadas dirigidas a propietarios privados de palmeras, con especial atención a aquellos cuyos ejemplares supongan un mayor riesgo de contagio para el arbolado público. En ellas se explicarán las técnicas disponibles, sus limitaciones y cómo actuar ante posibles infecciones.
La tala seguirá siendo el último recurso, reservada únicamente para los casos sin posibilidad de recuperación y siempre con autorización previa de Medio Ambiente.
Tras perder uno de sus árboles más simbólicos, Torrelavega apuesta ahora por la prevención para que ninguna otra palmera corra la misma suerte.
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