El pequeño municipio segoviano de Labajos se enfrenta a la obligación de retirar el monumento dedicado a Onésimo Redondo, uno de los fundadores de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista (JONS) y figura destacada del fascismo español de los años treinta. La resolución llega en el marco de la aplicación de la Ley de Memoria Democrática, que exige la desaparición del espacio público de cualquier símbolo o elemento exaltatorio del franquismo y de la dictadura.

El monumento, que lleva décadas presente en esta localidad de la provincia de Segovia, deberá ser eliminado tras la resolución que así lo determina. Onésimo Redondo nació precisamente en esta zona de Castilla y fue reivindicado durante el régimen franquista como uno de sus mártires fundacionales, lo que llevó a la erección de este tipo de homenajes en varios puntos de la geografía castellana.
La normativa vigente en materia de memoria democrática no deja margen de interpretación en casos como este. Las administraciones locales están obligadas a actuar y proceder a la retirada de aquellos elementos que vulneren la ley, independientemente de la vinculación histórica o sentimental que puedan tener algunos vecinos con el monumento.
La situación de Labajos no es un caso aislado en la provincia. Otros municipios segovianos han tenido que enfrentarse en los últimos años a procesos similares, algunos con más resistencia institucional que otros, pero todos abocados al mismo resultado.
La retirada de este tipo de símbolos sigue generando debate en las comunidades rurales, donde el arraigo histórico y las memorias familiares a veces chocan con el avance de las políticas de reparación democrática. Sin embargo, la ley es clara y las administraciones no pueden ignorar su cumplimiento.
El proceso de retirada deberá iniciarse en los próximos meses, según lo establecido por las autoridades competentes. Desde el Ayuntamiento de Labajos no se han pronunciado públicamente sobre los plazos ni sobre cómo se llevará a cabo la actuación, aunque la decisión ya no admite recurso que paralice su ejecución.
Un capítulo más en la lenta pero constante transformación del paisaje simbólico de los pueblos de Segovia, que va dejando atrás los vestigios de una época que la democracia española ha decidido no seguir homenajeando en sus plazas y calles.



