El Olímpico de León afronta una nueva era. Sergio Pallide, técnico nacido en 1996, toma las riendas del conjunto leonés con la misión de reconstruir el equipo desde los cimientos y devolverlo a la categoría que perdió la pasada temporada. Un proyecto joven, ambicioso y con la base formativa como principal seña de identidad.

La pretemporada arrancó el pasado 5 de agosto, una semana más tarde de lo previsto ante el retraso en el inicio de la competición. Ese pequeño margen ha servido para que el nuevo cuerpo técnico empezara a conocer a sus jugadoras y a sentar las primeras bases de lo que quiere ser el nuevo Olímpico.
La plantilla ha sufrido una renovación casi total. Solo tres jugadoras del primer equipo del año pasado han continuado. El resto del grupo lo forman futbolistas procedentes del filial y del juvenil-cadete, que llegan con energía y muchas ganas de demostrar su nivel. Algunas de las que tenían ofertas de Segunda RFEF optaron por marcharse, y Pallide lo entiende con naturalidad.
El técnico reconoce que el descenso pesa, pero destaca la rápida reacción del vestuario. Las jugadoras que han apostado por quedarse lo han hecho con compromiso claro y con la vista puesta en pelear por el ascenso al final de la campaña.
En lo deportivo, Pallide quiere un equipo que controle los partidos y que sea agresivo en defensa. Sin embargo, reconoce que todavía están en fase de adaptación. Él mismo admite que se está ajustando al contexto del fútbol femenino en esta categoría, y que prefiere escuchar y observar antes de imponer un modelo cerrado. Una filosofía que, en sus propias palabras, no es tanto una elección como una necesidad.
Las instalaciones, por su parte, no son un problema. El club cuenta con un campo recién renovado, gimnasio, sala de vídeo y todos los medios necesarios. La llegada de Óscar a la dirección deportiva ha completado un nuevo organigrama con el que se han trazado los cambios y también las continuidades del proyecto.
El Olímpico de León vuelve a empezar. Lo hace desde abajo, con humildad, pero sin renunciar a soñar con volver a donde estaba. La ilusión existe, y ahora toca trabajar para convertirla en realidad semana a semana.



