Las corregudes de caballos y el último toque de fabiol ponen el punto final a unas emocionantes Festes de Gràcia en Maó

Centenares de personas se congregaron ayer en el Cos de Gràcia para vivir uno de los momentos más esperados y emotivos de las Festes de Gràcia de Maó: las corregudes de caballos y el sentido cierre de la festividad con el último toque de fabiol.

Las corregudes de caballos y el último toque de fabiol ponen el punto final a unas emocionantes Festes de Gràcia en Maó

A partir de las 19.30 horas, el Cos de Gràcia se convirtió en el corazón de la fiesta, tomando el relevo de las intensas jornadas previas. Jinetes y caixers habían participado horas antes en el jaleo de la segunda jornada y habían compartido la tradicional beguda en el Ajuntament de Maó junto a las autoridades e invitados.

Las corregudes contaron con la participación de nueve parejas inscritas, cuyos jinetes compitieron tanto al galop como en la modalidad de abrazados, ante la expectación y el entusiasmo del público que abarrotó el recorrido de arriba a abajo. También participaron de manera individual varios jinetes que optaron por formar sus propias parejas.

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¡Maó está de Gràcia!El Jaleo de hoy y qué queda — programa en vivo7 — 9 sept
En fiestas

Este tramo de la ciudad, que históricamente unía el núcleo urbano con la ermita de Gràcia y el cementerio, fue durante siglos el escenario natural de estas carreras antes de que se trasladaran a la zona conocida como Cos Nou, al otro lado del puerto.

Las corregudes de caballos durante las Festes de Gràcia tienen una historia marcada por interrupciones y recuperaciones. Suspendidas en 1955, volvieron a celebrarse treinta y cinco años después, rescatando así uno de los actos festivos más queridos por los mahoneses. En 2024, las lluvias torrenciales del día grande obligaron a suspenderlas por seguridad, pero ni el año pasado ni este 2026 el tiempo quiso aguar la fiesta.

El broche final llegó con la qualcada del anochecer, cuando caixers y jinetes recorrieron las calles por última vez antes de concentrarse en la plaça de la Constitució. Allí, ante centenares de vecinos que no quisieron perderse la despedida, el fabioler Víctor Pons hizo sonar con emoción y nostalgia el último toque de fabiol, ese sonido inconfundible que cada año anuncia que las festes han llegado a su fin.

Un cierre que mezcla alegría y melancolía, como corresponde a una de las celebraciones más arraigadas en la identidad de Maó y de toda Menorca.