El etarra que quiso volar el corazón de Sevilla en Semana Santa saldrá ahora en semilibertad

El Gobierno vasco ha concedido el tercer grado penitenciario a Henri Parot, uno de los terroristas más letales de ETA, el mismo hombre que hace 36 años pretendió hacer explotar 320 kilos de explosivos en pleno centro de Sevilla, a días del Domingo de Ramos.

El etarra que quiso volar el corazón de Sevilla en Semana Santa saldrá ahora en semilibertad

Era el 2 de abril de 1990, Lunes de Pasión, cuando agentes de la Guardia Civil detuvieron en un control rutinario en Santiponce a un hombre al volante de un Renault 14. Lo que encontraron en el maletero cambió la historia de la ciudad: más de 300 kilos de amonal listos para ser detonados.

El plan era devastador. Parot tenía previsto colocar el material explosivo en tres puntos neurálgicos de Sevilla: la comisaría de la Jefatura Superior de Policía, ubicada entonces en la plaza de la Concordia; el Parlamento de Andalucía, que en aquella época funcionaba en el edificio de San Hermenegildo; y El Corte Inglés. Una masacre en el corazón de la ciudad, a días de que comenzara la Semana Santa.

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El terrorista, de origen argelino y nacionalidad francesa, opuso resistencia y abrió fuego contra los agentes antes de ser reducido. La intervención de la Guardia Civil evitó lo que habría sido, con toda probabilidad, el peor atentado de la historia de Sevilla.

Parot llegó a acumular 26 sentencias condenatorias y cerca de 5.000 años de prisión, con 39 asesinatos atribuidos. Su detención tuvo tal repercusión internacional que se convirtió en noticia en plena recta final de los preparativos de la Expo 92. El Ayuntamiento de Sevilla reconoció ese mismo año a la Guardia Civil con una distinción oficial por su actuación.

En octubre de 2016, y con motivo del 26 aniversario de la detención, se inauguró un monolito conmemorativo en la ciudad, impulsado por la hermandad Amigos del Benemérito Cuerpo de la Guardia Civil. Aquel acto volvió a poner el nombre de Parot en el centro de la memoria colectiva sevillana y el del guardia civil Adolfo López, uno de los agentes que participaron en su arresto.

Ahora, casi cuatro décadas después, el ejecutivo autonómico vasco le abre la puerta a la semilibertad. Una decisión que ha vuelto a remover a quienes vivieron de cerca aquella mañana de primavera en la que Sevilla, sin saberlo, estuvo al borde del abismo.