El sector de la construcción de vivienda colectiva en Menorca da señales de vida después de años de sequía. En los doce meses comprendidos entre junio de 2025 y junio de 2026 se han visado 251 pisos en bloques plurifamiliares de promoción privada en la isla, un 52 por ciento más que en el mismo periodo anterior. A ellos se suman 159 apartamentos impulsados por el Instituto Balear de la Vivienda, frente a los doce del año precedente.

Los datos proceden del informe periódico del Colegio Oficial de Arquitectos de Balears y fueron presentados esta semana en cada una de las islas. En total, contando viviendas unifamiliares y expedientes de legalización de construcciones irregulares, Menorca ha acumulado 467 residencias visadas de un modo u otro, lo que supone un incremento del 44,6 por ciento respecto a los dos semestres anteriores y la cifra más alta desde el año 2008, cuando se cerraron 460.
Aquel 2008 marcó el final abrupto de una década en la que se llegaron a visar alrededor de 1.500 viviendas anuales en la isla, una burbuja que pinchó con la crisis financiera mundial. El desplome posterior fue brutal: en 2013, solo se visaron 38 viviendas en toda Menorca.
Llorenç Seguí, presidente de la delegación menorquina del colegio de arquitectos, valora positivamente el repunte, pero pone el dato en perspectiva. A su juicio, el ritmo anual de construcción debería rondar las 500 o 600 viviendas para que acceder a un piso deje de ser un calvario para las familias. Sobre el papel, los números mejoran. En la práctica, el mercado sigue sin responder a las necesidades de la clase media local.
Seguí apunta a un problema de fondo que no tiene solución rápida: la falta de suelo disponible. En Menorca llevan treinta años sin crear nuevo suelo urbano apto para este tipo de construcciones. Algunos planes generales municipales llevan décadas en trámite, y el de Maó, aprobado hace catorce años, no ha dado lugar todavía a ningún nuevo desarrollo.
Mientras tanto, las reformas y las segundas residencias para compradores de fuera siguen siendo la actividad dominante en los despachos de arquitectura de la isla. La construcción de vivienda unifamiliar nueva, además, cae un 24 por ciento respecto al año anterior.
El panorama mejora, pero el camino para que un menorquín de renta media pueda comprar un piso sin hipotecarse de por vida sigue siendo largo.
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