Es Mercadal y el monte Toro acogen este fin de semana una de las celebraciones más singulares del calendario festivo menorquín: las fiestas de Sant Nicolau, con jaleos el sábado por la tarde y el domingo al mediodía como momentos más esperados.

Los actos han arrancado ya este viernes con la XXXIX Muestra de Repostería en la plaza de Sant Martí, animada por la música de DJCash y la actuación de Suc i Sopes en la verbena popular.
El sábado, a mediodía, el grupo Lo millor de cada casa recorrerá las calles del pueblo en un pasacalles con salida desde la Sala Multifuncional. A las cinco de la tarde habrá repique de campanas y pasacalles con la Banda de Música y los gigantes des Mercadal, en Martí y na Maria, portados por la Colla Gegantera de Maó. A las seis comenzará la qualcada, con el fabioler Pau Sales pidiendo permiso al capellán Llorenç Sales Barber en la placita de la Iglesia para dar inicio oficial a las fiestas.
El jaleo del sábado arrancará a las siete de la tarde en la plaza Constitución y concluirá con tres vueltas de caracol por las calles del centro. La jornada se cerrará con un concierto en la plaza Pare Camps.
El domingo es el gran día. Tras la diana a cargo de la Agrupació de Músics de Menorca, comenzará el replec de la qualcada a las nueve de la mañana para iniciar después la subida al Toro. A las once se celebrará la misa de caixers en el Santuario de la Mare de Déu del Toro, presidida por el obispo Gerard Villalonga, con reparto de agua de rosas y de los tradicionales panecillos de Sant Nicolau. El jaleo en la explanada del Toro está previsto para las doce y media.
Por la tarde, a las siete y tres cuartos, la plaza Sant Martí acogerá un glosat que los organizadores califican de «muy especial y acompañado de alguna sorpresa». El grupo ciudadelano Fet a Mar cerrará la fiesta a las nueve y media de la noche.
Sin embargo, la comisión organizadora lanza este año un aviso que va más allá de la celebración: piden más voluntarios. Advierten de que «las manos que lo hacen posible no son suficientes» y que la comisión «no es eterna». Sin más implicación vecinal, temen que Sant Nicolau pueda convertirse algún día en un recuerdo.
Las fiestas siguen vivas, pero necesitan a su pueblo.



