La Feria de Albacete 2026 acogió este sábado uno de sus actos más emotivos y singulares: la recuperación de la mantellina, una prenda tradicional manchega que data de la segunda mitad del siglo XIX y que volvió a lucirse en público de la mano del Grupo de Folclore Abuela Santa Ana.

La celebración tuvo lugar durante la Exaltación del Traje Manchego, una cita que año tras año reivindica el patrimonio etnográfico de la tierra. Los participantes, ataviados con la indumentaria regional, recorrieron el tramo comprendido entre la Catedral de Albacete y el Parque de Los Jardinillos al son de seguidillas y fandangos, devolviendo por unas horas el color y la historia de otro tiempo a las calles de la ciudad.
El protagonismo de la jornada recayó en la mantellina, una pieza con la que las mujeres manchegas se cubrían la cabeza para protegerse del frío y acudir a actos religiosos o solemnes. Alberto Montesinos, miembro del grupo organizador, explicó que «la mujer siempre iba con la cabeza cubierta y llevaba una prenda específica que se llamaba mantellina».
No todas eran iguales. Las había más sobrias y sencillas para mujeres del ámbito rural, mientras que las de mayor posición social lucían ejemplares adornados con terciopelo e incluso azabache. Una diferencia que, según Montesinos, reflejaba con claridad el estatus de quien las portaba: «una aldeana la llevaba de una manera, pero una señora que vivía en la calle Marqués de Molins la llevaba de otra».
El grupo lleva años dedicado a investigar y recuperar prendas que fueron quedando en desuso cuando se estableció un modelo considerado representativo de la vestimenta manchega. Muchas piezas quedaron olvidadas en ese proceso, y el trabajo de recuperación ha exigido estudio, búsqueda y paciencia. «Nuestra misión ha sido el poder sacar a la luz esas prendas que ayudan a que nuestra vestimenta sea mucho más correcta y auténtica», señaló Montesinos.
La jornada contó además con la participación de un grupo llegado desde León, que acercó la tradición maragata hasta el corazón de la feria albaceteña, enriqueciendo aún más un acto pensado para tender puentes entre el pasado y el presente.
Una iniciativa que no solo exhibe piezas históricas, sino que también enseña a la ciudadanía cómo vestirlas correctamente, para que la tradición no se quede solo en los libros.
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