Cinco mil mallorquines conquistan Lluc a pie en una noche cargada de tradición y emoción

Miles de personas llegaron al amanecer al santuario de Lluc tras completar uno de los ritos más arraigados de la isla: la histórica caminata nocturna que cada año reúne a vecinos de toda la Part Forana de Mallorca.

Cinco mil mallorquines conquistan Lluc a pie en una noche cargada de tradición y emoción

Más de 5.000 participantes procedentes de 45 municipios de la isla emprendieron la marcha de madrugada para recorrer los kilómetros que separan sus localidades del emblemático santuario enclavado en la Serra de Tramuntana.

La cita, que se repite año tras año con una participación que no deja de crecer, congregó a personas de todas las edades dispuestas a afrontar el esfuerzo físico de la noche como parte de una experiencia que va mucho más allá del simple deporte. Familias enteras, grupos de amigos y vecinos de toda la vida compartieron camino, linterna en mano, bajo las estrellas mallorquinas.

El ambiente a lo largo de las distintas rutas fue de fiesta y camaradería. Los participantes partieron desde sus respectivos pueblos en distintos horarios para coincidir en la llegada al santuario durante las primeras horas de la mañana, cuando la luz del día comienza a asomarse sobre las montañas.

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Lluc recibió a los caminantes entre aplausos y el alivio propio de quien ha completado un reto físico considerable. Para muchos, la llegada al santuario tiene también un componente sentimental y espiritual difícil de separar de la tradición familiar que se hereda de generación en generación.

La organización destacó el buen comportamiento de los participantes y la coordinación entre los distintos municipios implicados, que movilizaron recursos propios para garantizar la seguridad y el avituallamiento durante todo el recorrido nocturno.

Esta caminata popular es uno de los eventos más multitudinarios del calendario festivo mallorquín y un símbolo vivo de la identidad de los pueblos del interior y la costa de la isla. Cada año demuestra que las tradiciones bien cuidadas no solo sobreviven, sino que se fortalecen.

Una vez más, Lluc fue el destino de miles de pasos y de una Mallorca que, con las botas puestas y el corazón abierto, reafirma quién es.