Nueve de cada diez viviendas de Valencia suspenden en eficiencia energética

La provincia de Valencia arrastra un grave problema energético en su parque residencial. Casi la totalidad de sus viviendas consume más de lo necesario, encarece las facturas de sus propietarios y contribuye de forma significativa a las emisiones contaminantes. Un informe nacional publicado este mes de septiembre arroja cifras que obligan a la reflexión.

Nueve de cada diez viviendas de Valencia suspenden en eficiencia energética

Los datos son contundentes. Casi el 96% de las viviendas de la provincia obtiene una calificación energética entre la D y la G, las cuatro peores categorías de una escala que va de la A a la G. Dicho de otro modo, apenas algo más del 4% del parque residencial valenciano alcanza los niveles considerados eficientes.

La letra que concentra el mayor número de inmuebles es la E, en la que se encuadran nada menos que 1.110.115 viviendas, el 74,9% del total provincial. Por detrás, 141.022 hogares tienen calificación G y otros 87.720 cargan con una F. En conjunto, nueve de cada diez viviendas valencianas se sitúan en esas tres categorías, las menos eficientes de todas.

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En el extremo opuesto, las mejores notas brillan por su ausencia. Solo 8.447 viviendas logran una A, mientras que 22.012 alcanzan la B y 31.191, la C.

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¿Por qué está así el parque valenciano? La respuesta está, en gran medida, en la edad de los edificios. En la ciudad de València, más de la mitad de las viviendas superan los 40 años, y el 47% fue construido entre 1961 y 1980, una época en la que la eficiencia energética no figuraba en ningún requisito normativo. La misma situación se repite en otras grandes ciudades de la Comunitat.

Este problema no es solo una cuestión de confort, aunque también lo es: una vivienda ineficiente no conserva bien el calor en invierno ni protege de las altas temperaturas en verano. Es, además, un asunto económico y medioambiental. Los edificios concentran alrededor del 40% del consumo de energía final y el 35% de las emisiones de gases de efecto invernadero en España.

La solución pasa por la rehabilitación. Las obras de mejora en casas unifamiliares logran reducir el consumo energético entre un 25% y un 75%, lo que habitualmente se traduce en subir una o dos letras en la calificación. En los pisos, las mejoras son más difíciles de ejecutar, ya que requieren el acuerdo de la comunidad de propietarios para actuar en fachadas o cubiertas.

A nivel nacional, el panorama es similar: el 94,2% del parque residencial español presenta calificaciones ineficientes. Valencia no es una excepción, sino el reflejo de un problema estructural que exige medidas urgentes si España quiere cumplir con sus compromisos climáticos.