La ermita de Cantimpalos se desborda de vecinos y devoción en torno a la reliquia de la Santa Cruz

La localidad segoviana de Cantimpalos vivió este martes una jornada de fe y comunidad al congregarse en su ermita para celebrar la festividad de la Exaltación de la Santa Cruz, una cita que se repite cada año y que vuelve a demostrar el arraigo que esta tradición tiene entre sus habitantes.

La ermita de Cantimpalos se desborda de vecinos y devoción en torno a la reliquia de la Santa Cruz

El templo se quedó pequeño para dar cabida a todos los vecinos que se acercaron a participar en la misa presidida por el sacerdote de la parroquia, Andrés Aguirre, quien pronunció unas palabras que no dejaron a nadie indiferente.

«En esta fiesta exaltamos el amor por Dios para mirar el fruto de nuestra salvación, es un motivo de gracia, de fe y te da sentido de vida», explicó el padre Aguirre durante su intervención, calificada por los asistentes como muy emotiva.

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En fiestas

La celebración contó con la participación de los mayordomos del Santo Cristo de las Cinco Llagas, además de las lectoras, el monaguillo y el coro parroquial, que según los propios feligreses actuó «de forma muy especial». La eucaristía se completó con una ofrenda floral a cargo de los mayordomos y, al finalizar el acto, los presentes pudieron rendir devoción a la reliquia de la Santa Cruz.

Precisamente esa reliquia es el corazón de toda la festividad. La tradición popular sostiene que se trata de una astilla de la Cruz de Cristo, y que fue en su honor por lo que se levantó la propia ermita, convertida desde entonces en lugar habitual de veneración para los cantimpalenses.

Los vecinos más mayores del pueblo guardan en su memoria historias transmitidas de generación en generación sobre los poderes atribuidos a esta reliquia. Entre los más recordados destaca el de alejar las tormentas que amenazaban con arruinar las cosechas, un temor muy presente en una comunidad de raíz agraria como la de Cantimpalos.

Una festividad, en definitiva, que va mucho más allá del acto religioso y se convierte año tras año en un punto de encuentro para una localidad que mantiene vivas sus raíces y su identidad colectiva.