El juicio celebrado en Burgos por el asesinato de un hombre en Aranda de Duero a manos de su yerno ha dejado momentos de alta tensión en la sala. El acusado afirmó ante el tribunal no recordar nada de lo ocurrido la noche en que su suegro perdió la vida, una versión que choca frontalmente con la que sostienen tanto la fiscalía como la acusación particular.

Las acusaciones pintaron un retrato muy diferente al del hombre que compareció en el banquillo. Según su relato, el procesado ejercía un férreo control sobre su pareja y actuó movido por unos celos que habrían escalado hasta desembocar en la violencia fatal contra el padre de ella.
El acusado, por su parte, se limitó a repetir que no guarda memoria de los hechos. Una estrategia de defensa que los letrados de la acusación rechazaron de plano, argumentando que las pruebas recabadas durante la investigación no dejan lugar a dudas sobre su participación directa y consciente en la muerte del hombre.
El crimen sacudió a la localidad arandina, que tuvo que asimilar una tragedia en el seno de una familia del municipio. Los vecinos recuerdan el impacto que causó la noticia cuando trascendió, ya que se trataba de personas conocidas en la zona.
Durante el juicio se analizaron las circunstancias que rodearon los hechos, el estado emocional del acusado en el momento del crimen y la relación que mantenía con la víctima. La defensa ha intentado construir su argumentario en torno a la falta de intencionalidad o de conciencia, mientras que la fiscalía insistió en que existía un patrón previo de comportamiento dominante y violento.
El tribunal deberá ahora valorar el conjunto de pruebas presentadas, los testimonios escuchados y los informes periciales para dictar sentencia. Lo que está en juego es la calificación definitiva de los hechos y la pena que deberá afrontar el procesado si resulta condenado.
Aranda de Duero aguarda el fallo con la esperanza de que la justicia dé respuesta a una muerte que dejó una herida abierta en quienes conocían a la víctima.



