Eloy Madorrán Castresana da el paso al frente como candidato socialista a la Alcaldía de Logroño y lo hace con un mensaje claro: las próximas elecciones municipales de mayo de 2027 no van de política nacional, van de Logroño.

El periodista y actual jefe de prensa de la Delegación del Gobierno en La Rioja llega a la candidatura sin haber pasado por unas primarias, con el respaldo unánime de la agrupación local del PSOE y con la vista puesta en lograr lo que él mismo ha bautizado como el «efecto Madorrán»: aglutinar a todos los logroñeses descontentos con la gestión del actual alcalde popular, Luis Escobar.
«Esto tiene que ser un movimiento transversal al que se puedan unir todos los que están descontentos, y son muchos», afirma Madorrán, quien reconoce que la marca del PSOE atraviesa momentos difíciles, pero lo ve como una oportunidad para demostrar que en unas municipales lo que importa es la ciudad.
Y argumentos no le faltan para la crítica. El candidato socialista enumera lo que considera los fracasos del actual equipo de gobierno: la devolución de fondos europeos por incapacidad de gestión, la ausencia de refugios climáticos, la falta de obras con criterio y unas ayudas de emergencia social que no llegan a agotarse pese a la demanda existente.
«Probablemente sea el peor equipo de gobierno de la democracia en Logroño», sentencia sin rodeos.
El vínculo de Madorrán con el Consistorio es casi familiar: hijo de concejala, nieto de conserje municipal y yerno de abogado del Ayuntamiento. También trabajó en Comunicación durante la etapa de Tomás Santos como alcalde, figura a la que reconoce admirar abiertamente.
Para revertir la situación electoral, el candidato apuesta por la cercanía y el trabajo de calle: recorrer los barrios, escuchar a los vecinos y construir un programa con «las cosas del comer», alejado de los grandes discursos vacíos. Pone como ejemplo las quejas cotidianas de los logroñeses con la burocracia municipal, como las largas colas en el 010 o la duplicidad de trámites innecesarios.
El reto es mayúsculo, pero Madorrán parece dispuesto a desgastar más de un par de zapatillas en el intento.



