Hemingway bebió vino riojano y vibró con los toros en Logroño hace justo 70 años

Septiembre de 1956. Un hombre alto, de barba tupida y mirada curiosa caminaba sin prisa por las calles de Logroño. Era Ernest Hemingway, Premio Nobel de Literatura desde hacía apenas dos años, y había venido a La Rioja con una misión clara: disfrutar de las fiestas, los toros y el vino.

Hemingway bebió vino riojano y vibró con los toros en Logroño hace justo 70 años

El escritor estadounidense no viajó solo. Le acompañaban su cuarta esposa, la periodista Mary Welsh, el hotelero pamplonés Juanito Quintana, el aviador británico Rupert Belleville y el doctor Tamames. La excusa oficial era la Feria de San Mateo y los toros de La Manzanera, donde actuaba su amigo íntimo, el torero Antonio Ordóñez, al que Hemingway seguía de plaza en plaza con fervor casi religioso.

Pero la visita tenía otra dimensión igual de importante para el escritor: el vino de Rioja.

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En fiestas

El 25 de septiembre, la comitiva cruzó el Ebro para visitar las instalaciones de una de las bodegas históricas de Logroño, fundada a finales del siglo XIX. Entre toneles, aromas de roble y la penumbra de las naves de crianza, Hemingway catò tintos de renombre y quedó rendido ante un blanco semidulce que conquistó definitivamente su paladar.

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La expedición no se quedó en la capital. El grupo recorrió también los viñedos de Haro y Ollauri, adentrándose en el corazón de la Rioja Alta. En los calados históricos de Conde de los Andes se tomó una de las fotografías más recordadas del viaje: Hemingway brindando copa en mano junto a Ordóñez, con la sonrisa de quien ha encontrado su lugar en el mundo.

Aquella visita tuvo un valor que iba más allá de lo anecdótico. El Rioja atravesaba un momento clave: las exportaciones se habían triplicado en la última década, pero el vino se vendía mayoritariamente a granel. Que el escritor más famoso del planeta catara y elogiara el embotellado riojano fue el mejor escaparate internacional que la región podía haber soñado.

Tres años después, en 1959, Hemingway volvió a tierras riojanas. Esta vez fue Calahorra quien lo recibió durante las fiestas de San Emeterio y San Celedonio. Paseó entre los vecinos, firmó autógrafos y volvió a vibrar en el coso con una corrida de Ordóñez.

Setenta años después, la huella de aquel otoño riojano sigue viva en la memoria de la región.