Bernuy de Porreros, a apenas nueve kilómetros de la capital segoviana, ha decidido esta semana aparcar la rutina y entregarse por completo a sus fiestas en honor a Santiago Apóstol. Del 22 al 26 de julio, el municipio vive uno de esos paréntesis que los pueblos castellanos guardan con celo en el calendario.

El arranque llegó el miércoles con la cena de socios en el Frontón Viejo, donde las mesas largas y la cena en común hacen más por el entendimiento vecinal que cualquier otra cosa. El pregón a cargo de la peña Los Korruptos y la orquesta La Búsqueda pusieron el tono de lo que viene: varios días de música, risas y madrugadas sin prisa.
El jueves fue día de agua y espuma para los más pequeños, con parque infantil acuático por la mañana y fiesta de la espuma por la tarde. La charanga La Chicuelina recorrió las calles mientras el grupo Esparadrapo calentaba el ambiente antes del campeonato femenino de tanga, ese juego tradicional de puntería que más de un visitante despistado confunde con otra cosa.
El viernes llegó el turno del concurso de dibujo infantil, los disfraces, DJ Garlim y la orquesta Pikante. Y el sábado, día grande, arrancó con dianas y pasacalles, misa solemne en honor al apóstol y refresco municipal. Por la tarde sonaron los toques tradicionales de campanas en la iglesia, un momento que recuerda que antes de los altavoces el pueblo ya sabía reunirse. La noche quedó en manos de la orquesta Vía Libre y los DJ Dari y Gonch.
El domingo pondrá el punto final con paella en el parque del Juncar, Grand Prix para mayores de siete años y la actuación de Silvia San Juan.
Más allá del programa, el municipio ofrece razones para detenerse. La iglesia de Santiago Apóstol, en la calle de las Flores, guarda un pórtico románico con capiteles de motivos vegetales, aves y centauros considerado uno de los más destacados de la provincia. Al oeste del pueblo, en dirección a Valseca, las ruinas de la antigua iglesia de San Medel y su espadaña son otro recordatorio de que Bernuy tiene historia propia mucho antes y mucho después de la verbena.
Porque eso es lo que tienen las buenas fiestas de pueblo: que cuando se desmonta el escenario, el lugar sigue estando ahí.
