En el corazón del barrio vallisoletano de La Pilarica discurre una calle que acumula décadas de historia entre sus fachadas, sus negocios y sus vecinos de toda la vida. La calle Puente la Reina no es solo un eje de comunicación; es un retrato en piedra y asfalto de cómo cambia una ciudad sin perder del todo su alma.

El nombre de esta vía ya plantea una pequeña incógnita histórica. Según recogió el arquitecto e historiador Juan Agapito y Revilla, la denominación estaría relacionada con el puente sobre el río Esgueva y el antiguo paso a nivel del ferrocarril, aunque el propio estudioso reconocía no saber bien el motivo exacto. Lo que sí está claro es que ese paso a nivel marcó durante décadas la vida del barrio, hasta que en 2015 desapareció definitivamente del paisaje urbano.
Más de diez años después, los vecinos recuerdan con cierta nostalgia aquellas escaleras provisionales que se instalaron cuando las obras del paso subterráneo cortaron la comunicación directa con el centro. «Daban vértigo», cuenta Elena Toranzo, farmacéutica de la calle desde que su padre abrió el negocio en 1975. Ella lleva décadas conociendo de primera mano a los vecinos que se acercan al mostrador, en su mayoría pensionistas y gente del barrio.
La farmacia es uno de los comercios históricos que resisten en una calle donde otros han tenido que bajar la persiana. Una pescadería y una panadería que convivieron durante años con el negocio familiar ya no están. «Han cerrado muchos», lamenta Toranzo, que ve en la llegada de nuevas aperturas la clave para devolver dinamismo a la vía.
No todo son puertas cerradas. El Centro Cívico Pilarica, ubicado en la propia calle, mantiene encendida la llama de la actividad vecinal con talleres, cuentacuentos y juegos que atraen a los más pequeños incluso en pleno julio. Los vecinos valoran especialmente ese espacio, aunque no ocultan que echan en falta más niños jugando en la calle, señal de un barrio que envejece poco a poco.
El kiosco Adrián y María completa el paisaje cotidiano, con sus chucherías y su trato cercano, donde todos se conocen por el nombre. Nuevos murales artísticos añaden color a las fachadas y recuerdan que el barrio también mira hacia adelante.
La calle Puente la Reina sigue en pie, entre el calor sofocante del verano y el viento helador del invierno, fiel a sí misma y a quienes la habitan.
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