La Biblioteca Central de Cantabria acoge desde esta semana una exposición que reivindica la figura de Francisco Santamatilde, el fotógrafo santanderino que en 1975 alertó públicamente del deterioro de las pinturas de la Cueva de Altamira y contribuyó a salvar el paisaje de Cabo Menor de la especulación inmobiliaria.

La muestra se inauguró el miércoles 5 de agosto a las 19:00 horas y podrá visitarse hasta el 13 de septiembre. Llega en un momento especialmente significativo: el año en que se cumple el centenario del nacimiento del artista, nacido en 1926 y fallecido en 2012.
Marino mercante reconvertido en fotógrafo autodidacta, Santamatilde fue mucho más que un hombre con cámara. Fue, según sus impulsores, un guardián del patrimonio cántabro cuya valentía y sensibilidad dejaron imágenes que el poeta Gerardo Diego describió como «reliquias de conmovida humanidad».
La exposición es una propuesta de Raúl Reyes, coordinada por Ana Santamatilde, hija del fotógrafo, y organizada por la Dirección General de Cultura del Gobierno de Cantabria. El consejero de Cultura, Luis Martínez Abad, ha destacado que las instantáneas de Santamatilde «invitan a detenerse, a observar en silencio y a conectar con un creador que transformó la realidad en poesía visual».
La muestra se articula en cinco ejes creativos que recorren los pilares de su producción fotográfica: desde el retrato de grandes intelectuales de su tiempo hasta la captura del alma de los paisajes cántabros, pasando por su labor documental más comprometida.
Entre las piezas expuestas figuran fotografías cedidas por el propio Museo Nacional y Centro de Investigación de Altamira, cuya directora, Pilar Fatás, ha colaborado con el proyecto. El museo, que este año cumple 25 años, ya había dedicado una muestra reciente al trabajo de Santamatilde, pero sus impulsores consideraban que el fotógrafo merecía un reconocimiento más amplio y completo.
Raúl Reyes lo explica con claridad: «Es ahora, cuando se cumplen cincuenta años de sus hitos más memorables, cuando nos corresponde redescubrir, valorar y honrar su legado».
Esta exposición no es un punto final, sino el inicio de un proyecto más ambicioso para recuperar la obra y la memoria de uno de los nombres propios más importantes de la historia cultural de Cantabria.
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