Vitoria despide al último artesano botero del País Vasco, fallecido a los 88 años

Vitoria ha perdido a uno de sus personajes más queridos y singulares. Mariano Santa Cruz, conocido por todos en el Casco Viejo como ‘El Botero de la Pinto’, falleció este miércoles en la ciudad a los 88 años. Con él desaparece el último fabricante artesanal de botas de vino de la capital alavesa y de toda la provincia.

Vitoria despide al último artesano botero del País Vasco, fallecido a los 88 años

Su historia es la historia de un oficio. Y también la de una familia entera entregada a él durante generaciones.

El negocio familiar arrancó en 1939 en el número 18 de la calle Pintorería, en pleno corazón del Casco Medieval. Mariano empezó a trabajar allí con apenas once años, haciendo recados y preparando cabos, siguiendo así la tradición de su padre, llamado también Mariano, y de su tío Manuel García Villalain, que tuvo taller en la calle Los Fueros. Poco a poco fue aprendiendo todos los secretos del oficio: el hilvanado sobre piel de cabra, la colocación de los brocales, el calentamiento de la pez.

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Tomó las riendas del negocio en 1967, tras la muerte de su padre, y llegó a fabricar en solitario cerca de dos mil botas al año.

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Entre sus clientes más emblemáticos figuran nombres que forman parte del imaginario popular de la ciudad. Él cosió las botas de las que bebió el mismísimo Celedón. También elaboró ejemplares para cuadrillas de blusas, montañeros y equipos de fútbol, y pintó escudos del Deportivo Alavés a destajo para la histórica final de la Copa de la UEFA ante el Liverpool.

En 2003, después de cincuenta años de trabajo, decidió colgar el mandil. Lo hizo con su característica ironía: «Todos dicen que les da pena pero todos se jubilan», confesó entonces. Reconoció antes de cerrar que ya era casi imposible encontrar a alguien dispuesto a aprender el oficio, lo que hizo inevitable el fin de la botería Santa Cruz.

Su legado quedó recogido en el libro ‘Mariano Santa Cruz. El último botero alavés’, escrito por el etnógrafo Antxon Aguirre e impulsado por la Asociación para el Fomento de la Artesanía Tradicional de Euskal Herria. Una obra que él mismo ayudó a construir sin saber que estaba contribuyendo a su propio homenaje. Su mujer Matilde fue la cómplice de quienes quisieron que su historia no se perdiese.

Vitoria pierde así a uno de sus últimos artesanos de oficio, a un guardián del patrimonio vivo del Casco Viejo. Una figura irrepetible.