Casi ochocientos aficionados se dieron cita el jueves en la Ciudad Deportiva de la UD Logroñés para el amistoso de pretemporada ante el Real Zaragoza, convirtiéndolo en el encuentro con mayor presencia de público en la historia de la instalación. Sin embargo, el civismo de los asistentes fue el verdadero protagonista fuera del terreno de juego, ante unos accesos que siguen sin reunir las condiciones mínimas de seguridad en el tramo de titularidad pública.

El camino viejo de Fuenmayor, en el barrio de Valdegastea, sirvió de acceso principal para coches, motos y peatones que se acercaron al recinto blanquirrojo con precaución. La mayoría conocía de antemano el estado del vial. No fue el caso de dos aficionados del conjunto aragonés que, sorprendidos por el debate previo generado en La Rioja, restaban importancia al asunto comparándolo con las dificultades de acceso a su propio estadio en Zaragoza.
El problema se agrava al caer la noche. A la salida del partido, el tramo público de esa vía que conecta la instalación con Valdegastea ofrece una imagen muy diferente al interior del complejo deportivo: sin aceras y sin iluminación. El contraste entre lo que gestiona el club y lo que depende de la administración es, según los propios responsables de la entidad, demasiado evidente.
Félix Revuelta, figura vinculada a la dirección del club, resumió la situación con contundencia: «Lo nuestro está hecho, ahora falta la parte del Ayuntamiento». Una frase que apunta directamente a la pelota que lleva tiempo en el tejado municipal sin que nadie la recoja.
Dentro del recinto, la tarde fue otra cosa. Los aficionados riojanos disfrutaron de su equipo en casa durante una tarde de verano y pudieron comprobar que la Ciudad Deportiva tiene potencial real para consolidarse como punto de encuentro del logroñesismo. Eso sí, siempre que se solucionen, además de los accesos, otras carencias básicas como el suministro de agua de la red pública, algo que a estas alturas sigue sin estar resuelto para una instalación moderna.
El amistoso dejó buenas sensaciones deportivas y una afición que respondió en número como nunca antes lo había hecho en este escenario. Pero el recado para los responsables municipales quedó escrito en el asfalto sin iluminación del camino de vuelta a casa.
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